• Mientras los ultrarricos duplicaron sus fortunas desde 2018 las promesas hechas a diversos sectores siguen sin cumplirse
Históricamente, la izquierda oficial en México se ha considerado a sí misma como libre de toda crítica, como poseedora de la verdad absoluta; todo aquel que le hiciera críticas era dogmático o agente de la derecha.
Otra característica es que se denominaba Nueva Izquierda, planteando una ruptura con la tradición revolucionaria y adoptando ideas reformistas, optando por la “vía democrática”, que redujeron a la cuestión electoral y la gestión del poder burgués, abandonando toda perspectiva de cambio revolucionario. Las derivas de esa izquierda reformista nos llevan a lo que hoy gobierna en nuestro país.
Mientras los ultrarricos de este país vieron duplicar sus fortunas, las masas se debieron conformar con las dádivas de los programas de asistencia.
Este gobierno, autoproclamado 4T, se enmarca en los llamados “gobiernos progresistas” de América Latina que, en sus diferentes vertientes, algunos más, algunos menos, optaron por gestionar el sistema democrático burgués.
Como vimos en cada uno de ellos, ante la imposibilidad de transitar a sistemas que brinden mejores condiciones para las masas y las presiones internacionales, etcétera, la derecha retornó al poder, particularmente en el caso de Argentina, Ecuador y Bolivia.
En el caso particular de México, la izquierda adoptó el discurso de la apertura democrática como la única forma posible de llegar al poder y, al mismo tiempo, como la única forma de gobierno posible.
Entonces, la llegada de 2018 no fue sino el resultado de meter la voluntad de las masas al juego electoral. No pasó mucho tiempo para darnos cuenta de que esta corriente política planteaba un gobierno para los dueños del capital, no en beneficio de los pobres, pues mientras los ultrarricos de este país vieron duplicar sus fortunas, con negocios concedidos desde el Estado, las masas se debieron conformar con las dádivas de los programas de asistencia.
Una característica del sexenio obradorista fue su ataque a las organizaciones, acusándolas de ser clientelares. Estos ataques, en la práctica, funcionaban para que cualquier acción colectiva que no se sometiera a la voluntad del Estado fuera acusada de corrupción, clientelismo y los crímenes más atroces.

Con esto, pues, niega toda independencia política a las clases subalternas que no se sintieran representadas por el contenido ideológico-político de la 4T. Así, cualquier exigencia o crítica hacia los resultados negativos fue considerada como un ataque orquestado desde la derecha, representada por los partidos oficiales, englobándolos a todos ellos y a los movimientos sociales autónomos en la oposición.
Con esta generalización de llamar oposición, sin distinguir a los provenientes de las masas y a los de la ultraderecha, la 4T se blindó ante toda crítica legítima. En otros casos, cuando la crítica venía de sus llamados aliados, los sometía con el argumento de que se le hacía el juego a la derecha.
La administración de Claudia Sheinbaum no es diferente; ante los errores, se dice que son los corruptos de antes quienes quieren volver. Pero ahora se presenta algo diferente: la CNTE, uno de los grupos que fue aliado de la 4T para llegar al poder, ha salido a reclamar el cumplimiento de las promesas hechas.
Podremos estar o no de acuerdo con ellos; lo cierto es que en las campañas se les hicieron promesas que hasta ahora no se han cumplido.
El contexto es complejo: estamos a pocos días de iniciar el Mundial de futbol y el gobierno mexicano buscará apaciguar toda forma de protesta para que, como en 1968, se dé a conocer una imagen de un país estable.

Esto nos plantea unas interrogantes. ¿Los movimientos sociales deben limitarse a aceptar las políticas de la 4T para no hacerle el juego a la derecha nacional e internacional? ¿Ante la presión imperialista, debemos olvidar los agravios de la 4T para defender la soberanía nacional?
Para algunos, de buena fe, pero erróneamente, se debería tomar una posición acrítica con el gobierno y dejar para después las demandas, una vez que pase el Mundial y el imperialismo deje de intervenir.
Pero las presiones del imperialismo nunca van a terminar; por lo tanto, la salida es un poco más compleja. Se deben seguir criticando los errores y, por qué no, reconociendo los aciertos, pero no se debe caer en el discurso de aquellos que quieren vender a la patria.
La salida no está en volver a los viejos partidos; la salida no está en el pasado, sino hacia adelante. Esta vía requiere que el pueblo sea consciente de los peligros del imperialismo, pero también de las limitaciones y errores de la 4T, cosa que no se logra sino haciendo un estudio de la realidad actual.
Por otra parte, el pueblo debe tener una capacidad de movilización fuerte, pues una de las formas en las que se puede evitar la intervención imperialista es con un pueblo que sea capaz de movilizarse para defenderse; esa es la tarea que Antorcha ha propuesto por muchos años. Por lo tanto, estar organizados y educados es la salida, y eso no es hacerle el juego a la derecha.
0 Comentarios:
Dejar un Comentario