MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

El doble esfuerzo de los jóvenes deportistas de Chihuahua

image

En el discurso público, las autoridades repiten que la juventud es “el futuro de México”. Hablan de oportunidades, de programas de apoyo y de desarrollo integral. Pero cuando se observa la realidad concreta, ese discurso se desmorona. 

Para miles de jóvenes, practicar deporte no es un derecho garantizado, sino una batalla diaria contra la falta de recursos, la indiferencia institucional y el abandono gubernamental.

 

Resulta injusto que quienes sostienen esta iniciativa tengan que hacerlo prácticamente solos. Apostar por el deporte popular no es un gasto, es una inversión social.

Hoy, decenas de muchachos y muchachas se preparan para asistir a la Espartaqueada Deportiva Nacional, la justa deportiva más importante organizada por el Movimiento Antorchista Nacional.

No se trata de un evento comercial ni de élite; por el contrario, es un encuentro forjado desde el esfuerzo popular, cuyo objetivo es inculcar entre niños y jóvenes el amor al deporte, la disciplina, el trabajo colectivo y la superación personal.

Sin embargo, llegar a esa competencia no es sencillo. Lo que debería resolverse con apoyos oficiales, becas o facilidades logísticas termina recayendo casi por completo en los propios deportistas y sus familias.

Ante la indiferencia de algunas autoridades, los jóvenes organizan rifas, colectas, ventas de comida, boteos en cruceros y hasta piden dinero prestado para juntar lo necesario. Cada peso cuesta horas de trabajo.

Mientras otros atletas cuentan con patrocinios, uniformes nuevos y transporte asegurado, ellos venden tamales, hacen hamburguesadas o tocan puertas pidiendo cooperación. Ese contraste exhibe una verdad incómoda: en México, el talento muchas veces no falta; lo que falta es voluntad política para respaldarlo.

Este proceso convierte el deporte en un doble esfuerzo. No sólo deben entrenar largas jornadas, levantarse temprano, mantener la disciplina física y mental, sino también transformarse en organizadores, promotores y recaudadores de fondos. Es decir, cargan sobre sus hombros la responsabilidad que debería asumir el Estado. 

Cada entrenamiento viene acompañado de una actividad económica; cada competencia, de semanas de sacrificio colectivo.

Y aun así, no se rinden. El desafío es mayor si se considera la distancia. Desde el norte del país hasta Tecomatlán, en el estado de Puebla, el trayecto supera las 30 horas de camino. Son largas jornadas en autobús, cansancio acumulado, gastos adicionales y el riesgo constante de que el dinero no alcance. Pero también son horas llenas de ilusión, de compañerismo y de esa energía juvenil que se niega a claudicar.

Para ellos no se trata sólo de ganar medallas. Se trata de demostrar que, cuando el pueblo se organiza, puede construir alternativas reales. En un país donde la violencia, el desempleo y la desintegración social golpean con dureza a la juventud, el deporte aparece como un refugio y una herramienta de transformación. 

La Espartaqueada no es únicamente una competencia: es convivencia, cultura, fraternidad y formación de valores.

Ahí radica su importancia. Mientras muchos espacios oficiales se convierten en escaparates políticos o negocios privados, este esfuerzo colectivo rescata el verdadero sentido del deporte: fortalecer el cuerpo, la mente y el espíritu comunitario.

Por eso resulta injusto que quienes sostienen esta iniciativa tengan que hacerlo prácticamente solos. Apostar por el deporte popular no es un gasto, es una inversión social.

No basta con discursos de ocasión ni con fotografías en redes sociales. Se requiere de apoyos reales, infraestructura, transporte, alimentación y reconocimiento concreto.

El ejemplo de estos jóvenes chihuahuenses debe hacer eco en más de una oficina gubernamental de los tres niveles. Nuestros jóvenes, con escasos recursos, están haciendo más por la salud, la disciplina y la organización social que muchas instituciones enteras.

El llamado es claro: sumarse, respaldar y fortalecer estos esfuerzos. El mensaje que impulsa el antorchismo trasciende lo deportivo; plantea que solo el pueblo organizado puede abrirse camino frente a la adversidad. Y la juventud tiene un papel central en esa tarea.

Si algo demuestran estos muchachos es que la esperanza no se decreta, se construye. Se construye haciendo una rifa, organizando una colecta, entrenando bajo el sol y recorriendo miles de kilómetros para competir con dignidad en cada una de las disciplinas como atletismo, voleibol, basquetbol, natación, béisbol, salto de longitud, lanzamiento de bala y jabalina, entre otras.

El camino es largo, sí, 30 horas de carretera lo confirman. Pero cuando se avanza con convicción, con compañerismo y con amor al deporte, cada kilómetro se transforma en una lección de lucha y de futuro. Nos vemos en Tecomatlan del 7 al 15 de marzo en la justa deportiva del pueblo.

0 Comentarios:

Dejar un Comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados *

TRABAJOS ESPECIALES

Ver más

FOTOGALERÍAS