Varios analistas serios coinciden en que los problemas actuales que aquejan de una manera más aguda al mundo es la irreversible decadencia del sistema capitalista de producción. Pero lo curioso es que la decadencia se debe al propio éxito del capitalismo representado actualmente por el imperialismo norteamericano, que ha ido desarrollando, creciendo y perfeccionando el mecanismo a través del cual explota el trabajo asalariado.
La injusta distribución de la riqueza en México provoca un océano de precaristas que es la causa de todos los males que padece la nación.
¿Qué quiero decir? Los poderosísimos monopolios norteamericanos han optado –porque creen que eso les conviene– por automatizar cada vez más el proceso productivo, por sustituir a los trabajadores por máquinas con mayor capacidad de autonomía y finalmente por robots que hacen el trabajo que antes hacía el obrero; han procedido a desalojarlos, a desemplearlos.
Por desgracia para los explotadores capitalistas, no pueden hacer caso omiso de las leyes del Materialismo Histórico, que explican claramente la teoría de que el valor nuevo sólo lo producen los obreros, los trabajadores directos; las máquinas no producen valor: transmiten el valor a la mercancía, pero nada más y del valor nuevo es de donde se obtiene la ganancia del capital.
Si el capital desecha a los obreros, entonces la ganancia disminuye. Y eso no tiene remedio, pues para que Estados Unidos lograra revertir ese proceso debería dejar de ser capitalista y no lo va a hacer.
Por otra parte, vemos la política migratoria de Estados Unidos, en particular contra México, como casi todos los días y todos los medios informativos dan cuenta de las declaraciones racistas y xenofóbicas de Donald Trump, quien ha declarado a todos los inmigrantes del mundo en general, a los latinoamericanos en particular y a los mexicanos en singular, como los culpables directos de los males económicos de esa nación, puesto que, dice Trump, la mano de obra extranjera le arrebata los empleos a los oriundos anglosajones y, lo que es peor aún, los llamados "mojados" son los únicos culpables de las conductas antisociales que continuamente golpean a nuestros vecinos del norte: los asesinatos, las violaciones, el tráfico de drogas, los secuestros, etcétera, son responsabilidad de los migrantes mexicanos.
Por tanto, Trump ha tomado medidas como proceder a expatriar a los extranjeros y, a renglón seguido, construir una barda inexpugnable a lo largo de los más de 3 mil kilómetros de la frontera que divide a los Estados Unidos con México.
¿Pero solamente con México? No. Como sabemos, Trump viene de tiempo atrás con el intento de levantar la tasa de retorno de ganancia de los grandes capitalistas y monopolios con medidas que también han sido agresivas y lesivas para la estabilidad mundial y no lo han logrado.
Por ejemplo, han emprendido guerras por todo el mundo, lo vimos en Yugoslavia, siguieron con Libia y todo el norte de África y Afganistán. Esas guerras están ideadas para extraer recursos de países que invaden para tener asegurado el abasto de materias primas. También para vender armas, el negocio por excelencia del imperialismo son las armas.
La insaciable ambición del imperialismo de apropiarse los recursos naturales de otros países lo lleva a intervenir en asuntos internos, a realizar presiones políticas, a efectuar bloqueos económicos y guerras comerciales, a financiar grupos terroristas y a declarar la guerra a naciones independientes y antiimperialistas.

Uno de los ejemplos más recientes que indignan a los seres que aman la paz y la convivencia de los pueblos, es la bestial agresión armada contra Irán por parte del imperio y su brazo asesino, el gobierno fascista de Israel, en su desesperación por adueñarse de los recursos naturales, principalmente el petróleo, de todo Medio Oriente; esto con el pretexto —es la vieja calumnia— de que Irán produce armas nucleares y con ellas amenaza a la humanidad. Los efectos de ese crimen imperialista los está sufriendo la población de todo el planeta: los energéticos suben de precio, las víctimas del ataque imperialista pierden la capacidad de producir, como antes, derivados del petróleo; y en estas condiciones no pueden fabricarse los fertilizantes indispensables para la agricultura, igual que los alimentos básicos, cuyos precios suben aceleradamente como efecto de la guerra.
En su intento por levantar el capital quitan al pueblo trabajador los pocos beneficios que había conquistado: la medicina gratuita, programas de vivienda, becas para estudiantes pobres, pensiones bien pagadas.
Algunos de mis lectores podrán preguntarse y ¿esto qué tiene que ver con México? ¿Cuál es esa causa de que nos traten así los gringos? La respuesta es tan obvia que salta a la vista: la injusta distribución de la riqueza en México, lo que provoca a su vez, una gigantesca masa de pobres en nuestra patria, que oscila entre los 56 millones y los 100 millones de seres (según la metodología empleada para medirla), de una población estimada de los 130 millones de mexicanos y que, aún en el mejor de los escenarios, o sea, que fueran 56 millones los pobres, de todas maneras se trata de un océano de precaristas y, como lo ha dicho Antorcha a lo largo de sus 50 años, este mar de pobres es la causa de todos los males que padece la nación: ignorancia, insalubridad, desnutrición, inseguridad, pocilgas en vez de viviendas, zonas gigantescas de marginación urbana y rural.
Queda claro, pues, que la gente huye de México porque no encuentra trabajo o, porque si lo tiene, es de carácter informal (manera de disfrazar el desempleo), o bien, porque cuenta con un empleo formal pero mal pagado.
¿Cuál es la salida verdadera entonces, que eluden nuestros gobernantes y los más destacados comunicadores que se hacen una con ellos? Cambiar el modelo económico del país en el sentido que Antorcha plantea:
1) Mediante el pleno empleo.
2) Con salarios dignos.
3) Con un gasto social que mejore sustancialmente la calidad de vida del pueblo trabajador.
4) Aplicando una política fiscal equitativa que haga pagar más impuestos a quien más gana y menos al que obtenga menores ingresos.
¿Solamente esto? No.
Los pueblos van a tener que tomar consciencia de lo que está pasando, del riesgo que corren de perder, incluso el suelo donde viven, donde cultivan su alimento, lo que es su patria; ¡van a tener que defenderlo, van a tener que oponerse! Y en ese sentido, urge organizarnos y educarnos para salvar a los pobres de su pobreza sin necesidad de otra revolución armada y en el marco legal de nuestra Constitución que, en lo esencial, es letra muerta. Sólo así tendremos éxito contra los Donald Trump y compañía.
0 Comentarios:
Dejar un Comentario