En el marco del 1 de mayo, Brasil Acosta Peña examina la realidad de 33 millones de trabajadores sin prestaciones
No es una alegre lámpara, son los ojos de alguien,Son tus ojos, que al mundo se entregaron
para que vieran más claramente, y no murieran nunca.
Eso eres, fogonero, sobreviviente de tu cuerpo martirizado para cacharros,
que a ti mismo te miras, aun cuando yaces ciego.
Balada de los ojos del fogonero
Jiri Wolker
El 1 de mayo nació en el vapor de las fábricas inglesas, pero fue en Chicago donde se tiñó de sangre. Corría 1886 y la capital de Illinois se había convertido en el centro del desarrollo industrial norteamericano, gracias en parte a la línea de ferrocarril Galena and Chicago Union Road, que atrajo a miles de trabajadores.
En apenas una década, la población pasó de 160 mil a 480 mil almas. Tal crecimiento llegó acompañado de una crisis feroz: el estado se hundió en préstamos y los obreros soportaban jornadas de catorce, dieciséis y hasta dieciocho horas con salarios de hambre.
Los trabajadores deben seguir unidos y organizados para que la riqueza que ellos produzcan también sea para que ellos la disfruten.
La Ley Ingersoll, firmada por el presidente Andrew Johnson en mil 868, ya había establecido la jornada de ocho horas, pero el gobierno se encargó de ignorarla. No fue hasta 1884 cuando la Federación de Sindicatos y Organizaciones Gremiales de Estados Unidos y Canadá decidió tomar cartas en el asunto: el 1 de mayo de 1886 debía ser el día del cambio.
Llegada la fecha, algunas empresas cedieron, pero otras no. La tensión estalló el 4 de mayo en la revuelta de Haymarket. ¿El saldo? Ocho sindicalistas anarquistas condenados a muerte. La historia los recuerda como los mártires en Haymarket.
En Europa, el eco no tardó. Para entonces ya existía la Primera Internacional (fundada en Londres en 1864) y tres años después de la masacre, en 1889, Francia instauró oficialmente el 1 de mayo como el Día del Trabajador.

España sumaría su propia rebeldía en 1890 con la huelga de las minas de Mieres, en Asturias. Así, paradójicamente, una conmemoración nacida en territorio estadounidense fue adoptada por el resto del mundo… excepto por Estados Unidos, que nunca la oficializó.
Hoy, en 2026, la pregunta por la vigencia de esta fecha no es ociosa. El trabajo precarizado ya no está sólo en la fábrica fabril: te pregunta tu nombre para colocarlo en tu café de Starbucks, te entrega alimentos a través de aplicaciones de reparto, atiende a 60 niños o más en el aula sin aire acondicionado de la Mixteca, etcétera.
De ahí que esta reportera haya decidido indagar en el origen, la vigencia azarosa de esta conmemoración y la tarea de la clase trabajadora latinoamericana frente a un escenario geopolítico que arde.
Para resolver estas inquietudes, conversé con dos voces del Movimiento Antorchista. En esta primera parte, con el doctor Brasil Acosta Peña.

En la segunda parte, publicaré la plática con Jassón Celis Córdova, líder nacional de la Comisión Nacional Estudiantil de la organización.
¿Qué representa el 1 de mayo para la clase trabajadora mexicana?
Partiendo del origen de esta fecha, nosotros tenemos que entender que los trabajadores siguen estando sujetos a las leyes del capital y, por lo tanto, es el salario la única parte de la riqueza que ellos disfrutan como trabajadores. La producción de la riqueza la hacen ellos, pero quien acapara la riqueza que ellos producen —los trabajadores—, son unos cuantos y esto debe cambiar. Por lo tanto, los trabajadores deben seguir unidos y organizados para que la riqueza que ellos produzcan también sea para que ellos la disfruten.
¿Por qué es importante que Antorcha marche el 1 de mayo? ¿Qué demandas enarbola en la realidad actual de la clase trabajadora mexicana?
Los maestros, a quienes se denomina "obreros del aula", son generadores de conciencia. Entonces, la importancia de la realización de esta marcha está en primero luchar contra el gobierno, contra las autoridades que tienen obligaciones constitucionales para resolver los problemas de la educación y que, si no lo han hecho, alguien les tiene que decir: la generación de plazas, el incremento del salario de los maestros, las nuevas aulas, aires acondicionados en zonas como la Mixteca, etcétera.

Nada de esto lo atienden los gobiernos; incluso lo que están haciendo es, en vez de dar más plazas, hacer más grandes los grupos, para que los mismos maestros los atiendan sin darles una retribución adicional. Entonces hay que luchar contra el gobierno, eso es lo primero.
Lo segundo y más importante, es que si el gobierno no resuelve, lo que hay que hacer es quitar a los gobiernos que no resuelven. Cambiar el sistema, cambiar el modelo económico, y eso lo pueden hacer los maestros organizando a los padres de familia, dándoles conciencia, siendo dirigentes de sus comunidades y, al mismo tiempo, educando a las nuevas juventudes en otra idea para que luchen en el futuro por una sociedad más justa y mejor. Por eso es fundamental el trabajo de los maestros en esta marcha.
Lo que tiene que hacer la clase trabajadora mexicana es unirse, organizarse, no fraccionarse, no dividirse; la unidad es fundamental y, una vez que se una, el mensaje de unidad tiene que ir, trascender e ir más allá de la unidad sólo de la clase trabajadora mexicana. Tiene que ir a las clases trabajadoras de América Latina, porque al final trabajan mucho para recibir muy poco de la riqueza que producen.

Es decir, como dijo Carlos Marx: los que trabajan no disfrutan de la riqueza que producen, y los que disfrutan no trabajan, no producen la riqueza. Eso debe cambiar, y el mensaje entonces debe ser de unidad.
Persiste pobreza laboral
La informalidad en México ronda el 55 %: 33 millones de personas sin contrato ni seguridad social (Inegi, marzo 2026).
La pobreza laboral afecta a uno de cada tres trabajadores. Casi el 40 % —24 millones de personas— enfrenta condiciones críticas de empleo: salarios ínfimos, inestabilidad o ambas.
El 23 % de los empleados sigue haciendo jornadas de más de 48 horas semanales, explotación laboral desde 2024. Y la brecha de género persiste: por cada 100 hombres en pobreza laboral, hay 113 mujeres (México Cómo Vamos).
La pregunta flota en el aire: ¿cómo hacernos, realmente, de los destinos de nuestro país? En la segunda parte de esta entrevista, Jassón Celis responde.
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