MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Es tiempo de reflexionar sobre la política actual

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• De 2000 a 2024 ha habido alternancia política, pero ninguna mejora en pobreza salud y seguridad

El inicio de este siglo estuvo marcado por un huracán de cambios políticos. El PRI, partido en el poder, gobernó nuestra nación por 71 años consecutivos (1929-2000). En su tiempo de gobierno no se pueden negar los avances en la construcción de un país de instituciones; sin embargo, la desconexión con sus principios, la corrupción y la desigualdad creciente fueron erosionando su credibilidad y, con ello, la confianza que en ese partido tenía el pueblo.

La deuda externa se incrementó de 10.5 billones de pesos a más de 17 billones, sin mejoras sustanciales en la vida del pueblo.

Este descontento y hartazgo social fueron capitalizados en las elecciones del año 2000 por el entonces candidato a la Presidencia de la república, Vicente Fox Quesada, del Partido Acción Nacional (PAN), bajo los eslóganes de “Cambio verdadero” o “Cambio, YA”. Fox logró lo que muchos consideraban imposible: quitarle el poder al PRI.

Este cambio de color en el poder federal, en lo general, no representó una transformación de fondo. Cambiaron los nombres de algunas secretarías y programas, pero continuó la misma realidad del pueblo, salvo la creación del Seguro Popular, impulsada por Fox y apoyada por el entonces secretario de Salud, Julio Frenk Mora.

Este sistema también funcionó en el sexenio de Felipe Calderón, quien también salió del PAN, e incluso en el sexenio del expresidente Peña Nieto, del PRI.

Con la salida del PRI, la llegada del PAN y el regreso del PRI, la realidad de los mexicanos no cambió: los ricos se hacían más ricos y los pobres seguían viviendo en pobreza, miles sin servicios básicos, sin salud, sin educación y sin alimentos.

En ese contexto emergió con fuerza la figura de Andrés Manuel López Obrador, político tabasqueño que venía de ser jefe de Gobierno en el entonces Distrito Federal del 5 de diciembre de 2000 al 29 de julio de 2005 y, tras dos derrotas electorales, logró capitalizar ese descontento en la elección de 2018. 

En su discurso, López se presentaba como el portavoz del pueblo, como la solución a todos los males de nuestro país. Su campaña estuvo marcada por un número considerable de promesas “mágicas” que llegaron a la conciencia de millones de electores.

Entre las promesas más destacadas se pueden mencionar acabar con la corrupción, regresar el Ejército a los cuarteles, reducir el precio de la gasolina a un nivel accesible, construir un sistema de salud igual al de Dinamarca y garantizar el abasto al 100 % de los medicamentos. 

Todo ello sonaba muy bien para quienes durante años habían sido ignorados: por primera vez un político hablaba de soluciones a los males nacionales y colocaba al pueblo como su prioridad.

El tiempo pasó y la distancia entre las promesas y la realidad se volvió evidente. Aunque el discurso oficial insistía en presentar otros datos, la realidad de los mexicanos no cambió; es más, en lo que va de los gobiernos de Morena, aspectos como el sistema de salud han empeorado.

En materia de seguridad también hay mucho que señalar. Nuestro país se ha convertido en un cementerio en diversas regiones: miles de desaparecidos, estados en manos de organizaciones criminales, marchas por la paz casi todos los días y autoridades que trasladan responsabilidades en lugar de asumir plenamente su tarea.

El sexenio obradorista dejó obras consideradas faraónicas, como el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), inaugurado el 21 de marzo de 2022 y que hasta la fecha sigue generando críticas y pérdidas por no operar con toda su capacidad.

Lo mismo ocurre con el Tren Maya, el Tren Interoceánico y la refinería de “Dos Bocas”, donde recientemente se registró un incendio en el que perdieron la vida cinco personas. Todo esto ha costado y sigue costando miles de millones de pesos al pueblo, que ya cuestiona si fueron decisiones correctas.

En fin, se transita por el segundo periodo de gobierno del partido Morena y es tiempo de reflexionar sobre el rumbo que está tomando el país. Su política de repartir dinero como remedio para combatir la pobreza sigue sin dar resultados y esta carga financiera la tendrá que pagar la población, pues la deuda externa se incrementó de 10.5 billones de pesos al cierre del periodo de Peña Nieto a más de 17 billones de pesos al cierre del sexenio de López Obrador.

En este contexto es fundamental que todos los mexicanos hagamos un acto de conciencia. Se debe entender que, si se quiere que las cosas cambien, el pueblo debe participar activamente en el proceso; es necesario dejar atrás la idea de que una sola persona podrá transformar el orden de las cosas, por muy buenas intenciones que tenga.

Desde esta perspectiva, lo rescatable del sexenio de López Obrador es que permitió comprender, aunque tarde, lo que no se debe hacer. El cambio verdadero no se construye con discursos populistas, sino con políticas públicas eficaces, instituciones sólidas y, sin duda, con la participación activa de una ciudadanía organizada y bien informada.

Se está en la antesala de un proceso electoral, una nueva oportunidad para tomar decisiones informadas. Para ello es necesario reflexionar sobre la política actual, el desempeño de quienes gobiernan, la manera en que atienden los problemas nacionales y la importancia que otorgan a la formación integral de cada mexicano. No se debe caer en discursos mágicos, pues la historia ha demostrado que no funcionan.

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