Yo sueño con un mundo de luces solamente,
en que el hombre trabaje y viva sin llorar;
donde el alma se expanda y vibre tiernamente
como el ave que canta, como el cielo y el mar.
Donde todos los seres tengan pan y vestido;
donde todos los niños tengan aula y hogar;
donde el alma se eleve como el águila al nido
y el espíritu humano pueda libre cantar.
El mundo que yo quiero será todo de luces;
el genio de los hombres se verá libre, al fin,
de mentiras sagradas, de leyes como cruces,
de su cárcel de sombras y la miseria afín.
La creación de mi mundo pide brazos dispuestos,
corazones sinceros y cerebros sin par
pues los héroes de antaño nos reclaman enhiestos,
y exigen que, como ellos, vayamos a luchar.
Y yo escucho en las noches, serenas y sin nubes,
un gemido que hiela y clama redención;
que luego se transforma en un gran clamor que sube,
se eleva, se agiganta y se pierde en la extensión.
Si tú también lo escuchas con el alma dispuesta,
si no tienes reparos en saber la verdad,
sabrás que ese gemido es grito de protesta
del obrero explotado ¡que clama libertad!
No la pide en obsequio; te ofrece su trabajo,
su bravura y su empeño, su esfuerzo y voluntad;
pide solo una mano que lo guíe desde abajo,
hasta alcanzar la cumbre, con saber y lealtad.
Si tú escuchas el grito en tu soleada cima
y a los pobres no ayudas a ascender hasta ti,
no mereces los bienes, no mereces el clima
de bondades, que sólo desperdicias así.
¿No entiendes que el obrero necesita tu guía
y que el pobre es tu hermano en negra explotación?
¿No entiendes que su fuerza vital es mercancía
con que colma con oro las arcas del patrón?
¡Enseña a tus hermanos el camino de luces!
¡Únete a sus esfuerzos por tener libertad!
¡Dile como librarse de engaños, que son cruces,
y tendremos un mundo donde todo sea paz!