• En Jalisco hay 2.6 millones de jóvenes y más de 10 mil casos de depresión registrados
La salud mental se ha convertido en una de las problemáticas más urgentes y, al mismo tiempo, más ignoradas en nuestro país.
En estados como Jalisco, donde la población joven de 12 a 29 años representa el 31 % del total, más de 2.6 millones de personas, el problema adquiere dimensiones alarmantes.
La situación material en la que viven quienes padecen depresión, en la mayoría de los casos, es la que provoca su enfermedad e inestabilidad.
Con una población de más de 8.3 millones de habitantes, Jalisco se posiciona como una de las entidades con mayor número de casos de depresión en el país.
Según cifras de la Secretaría de Salud federal, el estado ocupa el segundo lugar nacional con más de 10 mil casos registrados, superado sólo por la Ciudad de México y el Estado de México. Más preocupante aún es que siete de cada diez casos corresponden a mujeres.
Es innegable que existen instituciones y canales adecuados para la atención oportuna; sin embargo, el enfoque actual es incompleto.
No basta con ofrecer o encontrar una “buena orientación” o apoyo emocional, sino que se deben atacar las causas que los motivan. Reducir la depresión a una falla individual es un error.
Los trastornos mentales están profundamente vinculados al entorno social y económico. Factores como la desintegración familiar, el desempleo, los salarios de miseria y la falta de acceso a una vivienda digna configuran un escenario hostil que impacta directamente en el bienestar emocional de la población.
A este panorama se suma el incremento en el consumo de sustancias psicoactivas, que ha saturado las urgencias psiquiátricas.

Pero veamos nuestra realidad. Según reportes de Tresearch, en lo que va del sexenio de Claudia Sheinbaum, que a abril de este año suma ya 553 días, la violencia no ha dado tregua, manteniendo una percepción de inseguridad que afecta al 63.8 % de la población.
Por otro lado, al cierre del año pasado, el 32.3 % de los mexicanos no pudo adquirir la canasta básica con los ingresos de su hogar, según el Inegi. La comida se encarece por encima de la inflación general, castigando a quienes menos tienen.
Además, la informalidad laboral abarca al 55 % de los trabajadores, dejando a 32.9 millones de personas en la incertidumbre total, sin seguridad social ni estabilidad. Esta realidad limita seriamente las oportunidades de desarrollo, especialmente para los jóvenes.
A esto se suma la crisis del sistema de salud. Datos del Inegi muestran que en 2018 había 20.1 millones de personas sin acceso a servicios médicos; para finales de 2024, la cifra se duplicó a 41.9 millones.
En estas condiciones, la depresión no es solo un estado de ánimo; es la respuesta lógica a la precariedad.
La situación material en la que viven quienes padecen esta enfermedad, en la mayoría de los casos, es la que provoca su depresión e inestabilidad.

Podría afirmarse que en aquellos hogares donde existen comodidades materiales, esta enfermedad no tendría por qué manifestarse; sin embargo, los jóvenes carecen de atención de los padres.
Aun en este caso aplica la condición anterior, ya que muchos padres se ven obligados a extender su jornada laboral o aceptar más empleos para sostener dicho nivel de vida y satisfacer las necesidades primordiales del hogar, destinando menos horas a la convivencia familiar.
Por tanto, las autoridades no tienen más alternativa que combatir la pobreza, el desempleo y los bajos salarios. Ninguna terapia surtirá efecto duradero si el paciente debe regresar al mismo entorno.
Los jóvenes no podrán superar su estado de ánimo mientras busquen dentro de su conciencia un mal que, en realidad, se encuentra fuera.
Hoy sufrimos pobreza, a pesar de ser la decimotercera economía del mundo, en la que se producen enormes cantidades de riqueza que podrían aliviar la vida de todos los mexicanos, pero esta se concentra en un grupo reducido, mientras millones de hombres y mujeres que trabajan todos los días no tienen para comer, no tienen empleo o carecen de vivienda, de servicios médicos, de educación y de actividades de esparcimiento; situaciones que, resueltas, son capaces de crear condiciones humanas alejadas de la idea de atentar contra la vida y de estas enfermedades.
Por ello, necesitamos una sociedad compuesta por hombres y mujeres capaces de manifestar, en todos y cada uno de los aspectos de la vida, su actividad creadora. De ahí la necesidad de organizarnos, luchar y conquistar un mejor presente y futuro para todos, cambiando el modelo económico que nos oprime. Eso es lo que le dará verdadero sentido a la vida.
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