• Desde el año 2000, cuatro cambios de gobierno marcaron el rumbo político sin erradicar la pobreza en México
Por la pobreza sufrida durante generaciones, los mexicanos comenzaron a buscar una solución en la democracia partidista y, en el año 2000, Vicente Fox fue postulado por el Partido Acción Nacional (PAN), convirtiéndose en presidente de México del primero de diciembre de 2000 al 30 de noviembre de 2006.
Es necesario que todos entendamos esta amarga realidad y que perseveremos en la educación y organización del pueblo para lograr un cambio de clase en el poder.
La democracia había triunfado; así se marcó el final de un periodo de 71 años en el que todos los presidentes de México fueron militantes del Partido Revolucionario Institucional (PRI).
La expectativa que Fox generó al presentarse como ranchero rebelde que acabaría con víboras, chinches y tepocatas dio confianza a la gente y votó por él. Después siguió Felipe Calderón Hinojosa, quien dio continuidad a la alternancia sin algo notablemente distinto.
Pero dio vuelta la rueda de la fortuna y los mexicanos volvimos a confiar en el PRI. Así llegamos al gobierno de Enrique Peña Nieto, que definitivamente no hizo lo esperado por los pobres de México y provocó la decepción nacional que trajo nuevamente la alternancia con el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), a cargo de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), quien ganó el primero de julio de 2018 con más de 30 millones de votos que lo legitimaron en el Ejecutivo federal.
En la ceremonia, López Obrador acusó que antes habían sufrido atropellos antidemocráticos, pero que a partir de esa fecha se llevaría a cabo una transformación pacífica y ordenada, pero al mismo tiempo profunda y radical, “porque se acabará con la corrupción y con la impunidad que impiden el renacimiento de México”.
Luego pasó a definir las tres grandes transformaciones de la vida del país: primero, en la Independencia se luchó por abolir la esclavitud y alcanzar la soberanía nacional; segundo, en la Reforma se logró posicionar el poder civil sobre el eclesiástico y restaurar la República; tercero, durante la Revolución el pueblo y sus extraordinarios dirigentes lucharon por la justicia y por la democracia.

En seguida dijo que a él le tocaba convertir la honestidad y la fraternidad en forma de vida y de gobierno. Aseguró que la crisis de México se originó por el fracaso del modelo económico neoliberal aplicado en los últimos 36 años, pero también por la corrupción de la vida pública y privada.
Con ese discurso fue que convenció a cerca de 31 millones de mexicanos que lo llevaron a la Presidencia de México. Durante su larga campaña, de casi doce años, aseveró que la corrupción era la causa de los problemas y, por lo tanto, había que quitar a los funcionarios mañosos que daban moche a los recursos.
Además, decretó la desaparición de las organizaciones civiles que daban curso a las demandas ciudadanas de acuerdo con los derechos consagrados en la Carta Magna.
Pero, como lo demostraron los hechos, la corrupción fue solapada en instituciones como Seguridad Alimentaria Nacional (Segalmex), donde Ignacio Ovalle, exdirector de la dependencia, fue acusado por un fraude millonario que asciende a 9 mil 500 millones de pesos; el consuelo es que no fueron los 15 mil millones que se decía, o sea que en la 4T sí se robó, pero poquito, como dijo “Layín”, el expresidente de San Blas, Nayarit, Hilario Ramírez Villanueva.
AMLO aceptó el fraude en la Segalmex: “Yo diría que esa es la mancha que me llevo, pero es un caso aislado, no hay nada que haya significado un acto de corrupción mayor”. Agregó que siempre hay traiciones, sobre todo en épocas de decadencia.

En su momento, López Obrador salió en defensa de Ignacio Ovalle. Dijo que se confió y cometió el error de trabajar con personas corruptas; es decir, según el mandatario convertido en juez, el exfuncionario no es corrupto, sino que lo son las personas con las que trató y abusaron de su inocencia y buena fe.
Pero nada dijo, desde luego, de la corrupción de connotados morenistas como Layda Sansores, Martín y Pío López Obrador, así como Ramón López Beltrán, hermanos e hijo del presidente. “No somos iguales”, y parece que no; los morenistas resultaron peores y el mandatario ocultó estos actos.
¿Y qué pasa en el segundo piso de la transformación? Los escándalos de corrupción han aumentado. El agravante es que ahora tenemos la amenaza descarada del presidente Donald Trump de una intervención militar para atrapar a los narcos, que según él son los responsables de llevar la droga a su país, señalando a varios políticos mexicanos, principalmente de la 4T.
¿Qué dice la presidenta Claudia Sheinbaum? Al respecto, la mandataria mexicana exige que se presenten pruebas, invoca defender la soberanía nacional y encuentra culpables de la desgracia en el pasado, cuando ya llevan ocho años en el gobierno; ya no se puede alegar que están entrando y hay que esperar.
Los problemas actuales del país son de su entera responsabilidad y deben demostrar su capacidad para resolverlos. Por otra parte, sigue con la entrega de dinero a las personas de los sectores más vulnerables, nada nuevo.
En nuestro país, la riqueza social está concentrada en pocas familias que son dueñas de los medios de producción y explotan la fuerza de trabajo de los desposeídos, lo que les permite la acumulación, que se manifiesta en la tenencia de propiedades inmobiliarias, cuentas bancarias, vehículos de lujo, ropa de marca, joyas y dinero.
Los ricos se aseguran todos los satisfactores y excesos; es decir, además de comer, vestir y divertirse bien, pueden darse lujos que el resto de las personas ni siquiera imaginamos, mientras que en el otro extremo millones de mexicanos no pueden garantizar un plato de frijoles y tortillas.
En México, las clases sociales antagónicas luchan por imponer sus intereses, triunfando los de los ricos, de tal forma que para esconder la desventaja que tenemos los pobres se ha sembrado la idea de la igualdad y la democracia.
Además, se han promovido los derechos de los indígenas, de las personas con discapacidad y de la comunidad lésbico gay; y se alaba la filantropía como una estrategia de clase acompañada por la legislación y las acciones del gobierno para cuidar la propiedad privada, la de ellos.
Por lo expuesto, es necesario que todos entendamos esta amarga realidad y, por ende, que perseveremos en la educación y organización del pueblo para lograr un cambio de clase en el poder; es decir, que sea el proletariado mexicano el que asuma la conducción de la patria, pues sólo así se combatirá a fondo este flagelo.
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