Vivimos en la etapa de gobierno de la 4T, una etapa que se prometió distinta a los viejos gobiernos, donde se acabaría con todos los males sociales —desigualdad, corrupción, nepotismo, robo de recursos públicos, inseguridad, desempleo, etcétera— que afectan la vida de los mexicanos.
Es cierto que estos problemas no surgieron con la 4T, ya existían desde hace tiempo, pero el hecho de señalarlos y proponer combatirlos fue bien visto por la gente. Por eso, la mayoría confió en las promesas de cambio y así triunfó la “Esperanza de México”. Sin embargo, de todo lo prometido, muy poco ha cambiado en el país.
El trabajo cultural de Antorcha sensibiliza al hombre, inculcándole sentimientos nobles, disciplina y sacrificio.
El sistema corrupto y desigual que denunciaron quienes ahora ostentan el poder sigue intacto y, lo peor, es que, bajo el engaño de defender al pueblo, los problemas sociales se agravan cada día más.
El 22 de marzo, la encargada de Oxfam México, Alejandra Hass, declaró en una entrevista para Buzos de la Noticia que “si la concentración de la riqueza en el país avanza como hasta ahora, México estaría en riesgo de un estallido social”.
Menos del 1 % de la población posee casi el 50 % de la riqueza generada en el país, mientras que casi 100 millones de mexicanos viven en la pobreza. Esto demuestra que el problema principal de la sociedad mexicana no ha sido combatido.
La corrupción, lejos de disminuir, se ha extendido como verdolaga en el campo. Ni las familias de los líderes más destacados del partido en el poder se salvan de denuncias y señalamientos, pero nada pasa porque son protegidos. El cinismo descarado en su máxima expresión.
La inseguridad es aún más grave. Los homicidios, secuestros y feminicidios aumentan, la violencia entre cárteles se recrudece y las escenas de horror se han vuelto cotidianas: cuerpos descuartizados, cabezas y extremidades regadas en las calles.
Nos prometieron acabar con la inseguridad y hoy convivimos con seres crueles que cometen atrocidades, mientras que altos miembros del partido gobernante están involucrados. Los males están por todas partes y muy avanzados, y no habrá solución sin un cambio profundo del sistema.
En este contexto, el Movimiento Antorchista Nacional, una organización que lucha por una justa distribución de la riqueza y la solución de los problemas sociales, organiza la XXI Espartaqueada Cultural Nacional en Tecomatlán, Puebla, del 5 al 13 de abril.
La Espartaqueada es una justa cultural donde los participantes compiten en poesía, oratoria, baile, danza, coros y música. Miles de niños, jóvenes y adultos de todos los estados del país se reúnen en un encuentro fraterno y solidario del pueblo pobre de México, mostrando su talento y preparación artística.
Este evento es de gran importancia porque Antorcha demuestra que la cultura puede salvar al país. El sistema capitalista, en lugar de formar un hombre nuevo, sano y preocupado por la patria, está generando monstruos que degradan al ser humano.
Vaya pues una loa para Antorcha por impulsar la cultura en nuestro pueblo. México necesita un cambio en el que la gente tenga lo indispensable para vivir con dignidad.
El trabajo cultural de Antorcha sensibiliza al hombre, inculcándole sentimientos nobles, disciplina y sacrificio, elementos fundamentales para construir una patria verdaderamente preocupada por su pueblo.
Es un reto grande, pero el más honroso de todos, y en ello contribuyen las Espartaqueadas organizadas por nuestra organización.
No me resta más que desear buena suerte a nuestros competidores nayaritas, que en esta ocasión participarán con 120 integrantes, y que pongan todo su esfuerzo para triunfar.
¡Que vivan las Espartaqueadas Culturales del Movimiento Antorchista!
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