• Más de mil 500 personas sobreviven marginadas bajo las calles de Las Vegas
Peor que ratas, que topos…
Sí, incontables seres humanos viven peor que muchos animales; a fin de cuentas, estos últimos están adaptados a esta forma de vida, su evolución los ha llevado a vivir de esta forma, pero… ¿y los seres humanos deben estar condenados a vivir bajo tierra?
Por debajo de los grandes hoteles, en el inframundo creado por el hombre, miles de seres humanos están condenados a sobrevivir como ratas, como apestados, como indeseables, como escoria de la sociedad.
Una parte de la humanidad, de esta especie que se supone es la más evolucionada de todas, ¿tiene que vivir en condiciones similares a animales que viven bajo tierra? Resulta absurdo y ofensivo para los seres humanos que los tengamos que comparar con algunos animales de nuestro entorno, pero obligadamente se tiene que hacer, pues la realidad supera cualquier prurito moral o social; la amarga y espantosa realidad de esos seres humanos se puede ver, por millones, en muchas partes del mundo.
En Las Vegas, Nevada, EU, ciudad famosa en el mundo entero por ser catalogada “La ciudad del entretenimiento” o “La ciudad del pecado”, y tales títulos los tiene bien justificados y merecidos, pues todo mundo sabe que dicha ciudad debe su fama y popularidad a que ahí, desde el siglo pasado, se realiza de manera legal todo tipo de juegos y apuestas, en las que se gastan o pierden (según sea el caso) grandes, inmensas y fabulosas fortunas, en la que abunda la venta y el consumo de bebidas embriagantes y de drogas, la prostitución y que conlleva a que se cometan todo tipo de delitos; dicha ciudad ha atraído, y atrae, a una gran cantidad de turistas y gente de todo tipo. Para el desarrollo de todas estas actividades se han construido grandes y glamurosos hoteles.

Pero la parte visible, atractiva para quien tiene recursos y los puede dilapidar, oculta en el subsuelo un mundo subterráneo, invisible y espantoso en donde reina la exclusión, la miseria y la degradación más grave a la que pueden llegar los seres humanos.
Por debajo de los grandes hoteles, restaurantes, casinos y de toda la ciudad se construyeron túneles pluviales para evitar la inundación o el daño de estos y, en ellos, viven más de mil 500 hombres y mujeres adultos que son considerados como la escoria de esta ciudad.
Casi todos ellos drogadictos, alcohólicos, delincuentes que han perdido todo y en función de lo anterior se ven empujados a refugiarse en esta vida subterránea, pues vivir en las calles les resulta más peligroso, ya que, además de enfrentarse a los desclasados como ellos, tienen que hacerlo con la policía que también los persigue.
Entre vivir en la calle o en los túneles hay diferencias, pero todas ellas negativas, y son absolutamente obligadas para estos parias de la sociedad.

Quienes han sido condenados a vivir en estas condiciones lo hacen en la oscuridad casi absoluta, salvo la que proporcione alguna lámpara u otra forma de iluminación, expuestos a todo tipo de violencia y peligros, al robo de sus pocas y miserables pertenencias, a la convivencia con ratas, suciedad, olores fétidos y la amenaza constante de que, ante cualquier lluvia, el torrente inunde los túneles, arrastrando y quitándoles lo poco que tienen o los ahogue en esos lugares.
La mayoría de ellos sólo salen, y no siempre, de noche a conseguir algún alimento, a recoger desperdicios de todo tipo que les puedan ser útiles, a delinquir para comprar drogas o alcohol; es decir, salen sólo para conseguir lo más estrictamente elemental para vivir o para mantener el vicio que los ha llevado a una vida que no es vida.
Por encima del suelo, Las Vegas es el lujo, el despilfarro, el derroche y los placeres más increíbles y refinados; por debajo de los grandes hoteles, en el inframundo creado por el hombre, miles de seres humanos están condenados a sobrevivir como ratas, como apestados, como indeseables, como escoria de la sociedad.

Por otra parte, en ciudades como San Francisco, California, o en el barrio de Kensington, Filadelfia, EU, y también sólo por poner unos ejemplos, en sus calles se observan miles de seres humanos absolutamente dominados, esclavizados por las drogas o todo tipo de estupefacientes.
Estos vicios los han llevado a tener partes de su cuerpo en descomposición sin que ellos puedan hacer nada, ni ningún hospital ni nadie se preste a ayudarles; una parte de su cuerpo está viva, la otra se descompone lenta e irremediablemente.
Lo anterior es sólo un pálido reflejo de una realidad que Dante no vio y que ni siquiera pudo imaginar, su infierno estaba destinado para después de la muerte; para una “vida” después de ésta, en el caso de que exista esa otra forma de existencia, pero lo descrito no es imaginación literaria ni genio dantesco.
Aquí y ahora hay seres humanos que “viven” o están en jaulas de 60 centímetros de alto por un metro con 60 centímetros de largo; otros que “viven” en túneles malolientes la parte de vida que les queda, otros que irremediablemente se están pudriendo en vida sin que nadie los pueda o quiera auxiliar.
Dante no vio los horrores del capitalismo, imaginó el castigo a los pecadores después de la muerte, pero no imaginó el infierno de los vivos. Si lo hubiera visto tendría que haber aumentado muchos de los castigos que describió en su infierno y habría incorporado otro círculo para los ultramillonarios creados por el imperialismo.
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