Manuel Martínez Hernández, un hombre que ha caminado las calles de la cabecera municipal de Ocoyucan desde hace décadas, conoce bien el sabor amargo de la injusticia. Su memoria no falla: recuerda el año de 1989 como el epicentro de un despertar, el momento en que su camino se cruzó con el Movimiento Antorchista.
