MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Sólo el pueblo organizado puede construir un país verdaderamente democrático

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A propósito de la las próximas elecciones ¿puede decirse que en nuestro país, ahora si gobierna el pueblo? ¿Nos encontramos en una verdadera democracia? Demos ("pueblo") y kratos ("poder" o "autoridad"). En su sentido etimológico y clásico, la democracia significa "el gobierno del pueblo" o el "poder en manos del pueblo". ¿O usted comparte la idea de que somos una sociedad gobernada por los poderosos, con una forma de gobierno donde a la democracia  solo es para los dueños del poder económico?  Para poder contestar  a estas interrogantes daremos algunos datos reveladores.

Sabemos que las primeras agrupaciones humanas se dedicaron exclusivamente a la caza, la pesca y la recolección de productos naturales. Luego, el hombre abrió la posibilidad de cultivar la tierra y criar ganado y de esta manera empezó a obtener más de lo que la unidad necesitaba para su consumo. Fue así como nació el excedente económico que proviene del término “exceso”. Existiendo este excedente surgió la posibilidad de que algunos miembros de comunidad se apoderasen de él empezando a nacer las desigualdades sociales y la división entre familias que trabajaban y las que vivían a costa del trabajo de las otras. Así surgieron las clases sociales diferentes y la lucha que se establece entre ellas debido a que los intereses de unos es acaparar el máximo de riquezas producto del trabajo de los otros, y, a su vez, éstos esfuerzan por defenderse de dicha explotación. Situación de miles de años que se mantiene hasta nuestros días. Cambiando en algunos caso por la lucha de clases.

Pero,  estos cambios sociales no los hacen los individuos, las “personalidades”, por muy brillantes o heroicas que ellas sean. Los cambios sociales las hacen las masas populares. Sin la participación de las grandes masas no hay cambio social. Si queremos transformar nuestra sociedad en una nueva sociedad, tenemos que ser capaces de enraizarnos en su historia, de comprender cuáles son sus características fundamentales en la actualidad: la situación de opresión y miseria en que viven nuestros pueblos. Y entrando al tema de la democracia, debemos de ver lo siguiente:

La democracia absoluta, como quiera que se la entienda, es imposible porque es incompatible con la existencia misma de gobierno. Todo aparato del gobierno es, por definición, la "representación de la sociedad", la cual, según reza la teoría, delega en él todo el poder necesario para tomar las decisiones fundamentales que garanticen la existencia y el funcionamiento del sistema socioeconómico en su conjunto. El poder, pues, la capacidad indiscutida del aparato de gobierno para tomar las decisiones políticas y económicas fundamentales y para hacerlas cumplir por el resto de los ciudadanos (sean en su favor o en su contra) constituye la esencia misma, la razón última y primera, de ese mismo aparato de gobierno. No es posible, pues, un Estado en el que existan, al mismo tiempo, un verdadero gobierno y una "democracia plena", es decir, una distribución igualitaria del poder entre todos los ciudadanos.

Ya lo dijo nuestro gran maestro el Ing. Aquiles Córdova Morán: “... La democracia, digan lo que digan sus modernos maquilladores e incondicionales glorificadores, no es, y no puede ser otra cosa, más que un mecanismo para legitimar a los órganos de gobierno en general; no es, en contra de lo que difunden sus ultramodernos e interesados panegiristas, un recurso para el ejercicio de la soberanía popular sino, precisamente, para la abdicación de la misma en favor de unos cuantos "elegidos", los cuales, a partir del momento mismo de su elección, se transforman, como por arte de magia, en los dueños absolutos de las vidas y las haciendas de sus incautos electores…”

Y esto es así porque Los dueños de los medios de producción, al tener en sus manos el poder económico, tienen en sus manos el aparato del Estado: fuerzas armadas, policía, aparato judicial, funcionarios del Estado, etc. Tienen en sus manos, por tanto, no sólo el poder económico, sino también el poder estatal. Pero fuera de controlar el Estado y las leyes, los dueños de los medios de producción más importantes controlan las radios, los diarios, los canales de televisión, las redes sociales etc., es decir, los medios de comunicación de masas.  A través de este control de los medios que educan y difunden ideas, engañan al pueblo convenciéndolo de que el sistema de explotación en que viven es bueno, y que si ellos están en malas condiciones no se debe al sistema, sino a defectos de tipo individual: pereza, borrachera, falta de capacidad intelectual, etc. A este control de los medios de difusión y de educación lo llamamos poder ideológico.

Ahora bien, de esta manera, todas las estructuras de la sociedad tienen por función fundamental reproducir las relaciones de explotación, es decir, están al servicio del grupo explotador contra los explotados. Por eso es que el marxismo sostiene que no existe difusión de ideas de tipo neutral, que no existe un Estado al servicio de todo el pueblo, que tanto el Estado como la ideología están al servicio de los intereses económicos de las clases explotadoras, por consiguiente, que no puede eliminarse la propiedad privada de los medios de producción, si no se destruye el poder político e ideológico que la defiende.

Por eso, la democracia es siempre, fatalmente, un simple mecanismo formal para la retención "legal" del poder, y no el paraíso que nos cuentan y nos prometen quienes ven en ella un posible camino para su propio ascenso y coronación. La democracia es un método para elegir gobierno, y todo gobierno es, por esencia, la negación de la verdadera democracia, es decir, del auténtico poder del pueblo. 

Ningún luchador serio, en consecuencia, y menos el pueblo trabajador en su conjunto, se puede plantear como meta de su acción política una quimera, una utopía, como es la "democratización plena del país". Partiendo de la verdad evidente de que la humanidad en su conjunto aún no ha podido -ni sabido quizás- crear las condiciones materiales para la desaparición de todo poder opresor exterior al hombre, de todo gobierno de clase, restrictivo por tanto de los derechos y las aspiraciones de la inmensa mayoría de la humanidad que somos los trabajadores; en síntesis, reconociendo como inevitable y hasta necesaria, hoy por hoy, la existencia del gobierno, la meta realista, urgente e inmediata de los oprimidos, de los trabajadores en general, no puede ser otra que la creación de un escudo, de una defensa eficaz en contra de los abusos, las exigencias desmedidas y la presión política, económica y legal de ese poder inevitable que es el gobierno. Sin embargo, para crear ese escudo, es la propia experiencia histórica de la sociedad  la que pode esa iniciativa en manos de los directamente afectados, es decir, en manos del pueblo.

De aquí resulta que la única fuerza realmente democrática, realmente capaz de frenar los abusos del poder y de defender a toda costa los intereses de los humildes, de los campesinos, de los obreros y del pueblo en general, es, justamente, ese mismo pueblo, organizado y concientizado para el desempeño de semejante tarea. Por eso,  sólo el pueblo organizado puede construir un país verdaderamente  democrático,  en la coyuntura actual del país, la tarea verdaderamente progresista y revolucionaria consiste en llamar al pueblo una y otra vez, sin descanso, predicando con la palabra y con el ejemplo, a organizarse, a unir fuerzas con sus iguales, para la defensa de su vida y de sus intereses. Eduquémonos y  manos a la obra. 
 

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