Cuando conocí a doña María en una reunión de grupo de Antorcha, se mostraba como la típica mujer colona que cumple, en la medida de lo posible, con las tareas que indica Antorcha y con las de la colonia: ir a las manifestaciones, acudir a las reuniones, cuidar su patio, las faenas en la colonia, y hasta ahí.
Ella era madre soltera, como la mayoría de esta colonia, y tenía que trabajar todos los días. El único día de descanso es para ella el domingo, pues en la fábrica donde hacen televisores sólo se descansa ese día.
María ha sido un claro ejemplo de cómo el pueblo puede cambiar con el arte, pues entendió que no sólo se lucha por una vivienda, sino por un verdadero cambio social, involucrando deporte, cultura y educación en el proceso.
María, al igual que muchas obreras que laboran en las maquilas de Tijuana, llegaron con la esperanza de tener un buen trabajo, sacar adelante a su familia, tener una casita y, si se pudiera, una pareja con la cual se apoyaría para el proyecto de vida que se había planteado. Sin embargo, “sueños son sueños y poco se cumplen, porque no siempre las cosas son como uno supone”, asegura.
Hoy, las cosas son diferentes. A poco más de dos años de haber coincidido con ella, su perspectiva sobre la vida ha cambiado. Tras mantenerse al margen del proyecto que impulsa Antorcha, hoy se ha dado cuenta de que en Antorcha existe un aliado:
“Mi hijo está en la escuela, en la casa del estudiante, fueron a Puebla; ya tengo una casita que se logró con la gestión de Antorcha, mi otro niño practica en la colonia danza con la maestra que viene, y yo también me voy a meter porque es los domingos. Se mira bien bonito cuando salen a bailar, ahora que fuimos a verlos a la escuela”.
La influencia que ha tenido el trabajo cultural en María hizo que ella cambiara la perspectiva del trabajo de Antorcha, en primer lugar, porque entendió que no sólo se lucha por una vivienda, sino por un verdadero cambio social. En Antorcha se le involucra el deporte, la cultura y la educación. Ella ha sido un claro ejemplo de cómo el pueblo puede cambiar con el arte.
Durante estos tres meses del 2024, María asistió a cuatro conferencias donde se habló sobre los problemas coyunturales de México y del mundo, acudió a cuatro eventos culturales, de los que resalta la obra de teatro Bodas de Sangre y la presentación de los grupos culturales rumbo a la Espartaqueada, asistió a dos mítines por sus demandas, a la CFE y a la comisión del agua. De esta lucha ya tienen una toma de agua comunal.
“Aunque muchos nos critican porque dicen que andamos en el argüende, nosotros estamos logrando muchas cosas. Acá (en Antorcha) se aprende de varias cosas”.
El proyecto de Antorcha es vasto. María ejemplifica sólo una parte de lo que Antorcha ha venido construyendo: que un cambio social es posible, no de partidos políticos, sino de raíz, cambiar el pensamiento de quien vive en las colonias olvidadas, de las personas que se encuentran en situación vulnerable, y hacerlo creer en un mejor futuro para todos.
Cambiar la vida y el pensamiento de los mexicanos es tarea fundamental de Antorcha. El arte forma parte importante de ello, así como a María, la danza transformó su modo de ver la vida. Antorcha busca cambiar miles de conciencias, pues el pueblo solo podrá liberar al mismo pueblo, con organización, lucha y educación.
Papel fundamental juegan las Espartaqueadas Culturales que se desarrollan durante esta semana en Tecomatlán, Puebla, pues, de no ser por ellas, el papel del arte y la cultura en las capas más desprotegidas estaría muerto.
Hoy, Antorcha demuestra con esta XXI edición de las Espartaqueadas que vamos por buen camino y que, de seguir así, lograremos, al igual que María, cambiar la sociedad en la que nos encontramos.
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