MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

El injusto reparto de la riqueza y sus consecuencias

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  • Sonora reporta que 33.2 % de su gente carece de seguridad social por la mala distribución del capital nacional

El reparto desigual de la riqueza ha generado una desigualdad económica entre la población que se está manifestando en las injustas carencias materiales que la mayoría debe soportar sin poder escapar de ella como si fuera una maldición divina: hambre, miseria, pobreza, falta de vivienda, inseguridad, pérdida del poder adquisitivo del salario, alza de precios, delincuencia organizada, drogadicción, educación de pésima calidad, malos servicios de salud, insuficiente alimentación, elevada contaminación, explotación de los recursos naturales, etcétera. 

Mientras cifras oficiales afirman haber reducido la pobreza a un mínimo histórico del 14.1 %, la desigualdad sigue afectando la calidad de vida de miles de familias sonorenses: la carencia por acceso a la seguridad social afecta a 33.2 % de la población.

Con toda certeza se puede afirmar que los gobiernos de los diferentes niveles no han querido aplicar una política económica más distributiva, por interés de clase, que actúan como defensores y protectores a la clase que pertenecen, o por desconocimiento, como improvisados novatos, cometiendo actos espontáneos desarticulados, provocando un franco estancamiento o retroceso como sociedad mexicana.

Por donde se mire, la desigualdad económica está provocando una franca descomposición del tejido social, un rezago asombroso y una decadencia en los que la padecen.

Los datos oficiales muestran abismales diferencias entre los ingresos económicos de los diferentes sectores de la población que se permiten por el sistema económico imperante, convirtiéndose en una ofensa para los trabajadores, quienes son los generadores de la riqueza.

En el mundo, el 10 % de los más ricos concentran 75 de cada 100 pesos. El 10 % de la población más multimillonaria posee tres cuartas partes de la riqueza mundial, mientras que la más pobre sólo posee 2 %. 

La desigualdad económica en México demuestra la ofensiva y abusiva forma del reparto de la riqueza nacional: 10 % de los más ricos concentran 71 % de la riqueza, el 1 % con más ingresos acumula 38 % de la renta nacional.

Las familias más ricas de México tienen un ingreso medio catorce veces mayor que las más pobres. El 10 % de los que más ganan capta alrededor de 59 % del ingreso total, mientras que 50 % con menos ingresos recibe sólo el 8 %.

Más del 40 % de la población vive con alguna condición de pobreza. México continúa teniendo una de las desigualdades más altas en el mundo, tanto en términos de ingresos como de distribución de riqueza.

Las diferencias de ingresos económicos afectan directamente la calidad de vida de millones de personas, provocando un empobrecimiento paulatino.

En Sonora la desigualdad se manifiesta en cada hogar, calle, comunidad o colonia, ahí están presentes las terribles consecuencias. 

Mientras cifras oficiales afirman haber reducido la pobreza a un mínimo histórico del 14.1 % (Coneval), la desigualdad sigue afectando la calidad de vida de miles de familias sonorenses. Por ejemplo, la carencia por acceso a la seguridad social afecta a 994 mil 571 personas, 33.2 % de la población.

La carencia por servicios de salud afecta a 732 mil 404 sonorenses, 24.4 %. De igual forma, en la carencia por alimentación, el padrón es de 586 mil 485 personas, suma el 19.6 %. En decenas de municipios hay población con niveles de pobreza multidimensional que superan el 50 % de sus habitantes. 

Estos datos demuestran con contundencia la magnitud del fenómeno en la entidad, el gran pendiente que representa y las grandes acciones gubernamentales que se requieren, como condición para resolver la problemática.

Hay aspectos sociales pendientes que exigen políticas públicas que pongan en el centro del presupuesto público las necesidades de las mayorías, asignando mayores recursos financieros, de lo contrario, seguirán siendo banderas electoreras cada trienio o sexenios y temas centrales en los discursos gubernamentales que se quedan el papel archivado, como sucede hasta ahora. 

Durante décadas hemos escuchado discursos durante las campañas políticas donde se desgarran la garganta los candidatos diciendo que ahora sí trabajarán para resolver los problemas del pueblo, pero en los hechos pocos avances hemos tenido y en algunos rubros sociales hemos sufrido retrocesos.

Hay declaraciones oficiales que sostienen que la pobreza extrema se ha reducido en la entidad y que, por tanto, la desigualdad económica, salarial, laboral, en vivienda, en servicios, educación, salud y alimentación también.

Cuando en realidad por todas partes hay decenas de miles de familias que todos los días lucha por sobrevivir en este mundo injusto y desigual, al comparar regiones, municipios, colonias o comunidades se puede percibir a simple vista esta desgarradora situación. 

Para reducir la brecha de la desigualdad, hasta un día acabar con ella, se requiere como condición fundamental una fuerza de las masas trabajadoras educadas, organizadas y politizadas, que sea capaz de enfrentar, vencer y erradicar paulatinamente todas las causas y consecuencias que ha provocado la desigualdad económica, resultado histórico de la implementación de malas políticas públicas en cada sexenio.

Ahí está como un elefante en la sala, todo mundo lo ve, pero pocos reconocen y aceptan su existencia, porque aceptarla es reconocer por la vía del hecho, el fracaso de sus políticas públicas. Muy pronto veremos a varios políticos retomar la bandera de la desigualdad social como eslogan y programa de campaña para regresar a las masas populares e intentar mediante promesas arrancarles el voto para llegar al poder. Un espectáculo más de la democracia burguesa.

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