Tradicionalmente cada fin de año los mexicanos nos llenamos de buenos deseos, compartimos propósitos y expresamos nuestro optimismo para el año que comienza, en un ambiente festivo y de unidad, lo cual demuestra el agradecimiento y el valor que se le tiene a la familia, al trabajo, etcétera.
Muchos nos llenamos de optimismo ante nuevos retos. Estos sentimientos los antorchistas los compartimos, pues es de hombres buenos desear de corazón y genuinamente que el año venidero sea de bienestar, de salud, de alegría, para todos en sus hogares.
La mayoría de los mexicanos, sobre todo las clases trabajadoras, sentimos cómo la pobreza ha ido en aumento: aunque las cifras oficiales anuncien que se ha reducido, la realidad es otra.
Sin embargo, sabemos bien que no basta el simple deseo para que las cosas ocurran, como por un acto de magia solamente; la realidad no puede modificarse sólo con buenos deseos; si así fuera, la cruda y cruel realidad que viven los pobres de México sería otra cosa.
En estos últimos días existe una percepción extendida de preocupación entre los mexicanos, ante el panorama económico que se vislumbra para este año y los próximos.
Encuestas realizadas por organizaciones como Ipsos y reportes basados en datos del Inegi y la Condusef dicen que más del 73 % de la población mexicana coincide en que se viven tiempos difíciles en nuestro país, marcados por una complejidad social que incluye violencia cotidiana, inseguridad, desigualdad económica, corrupción, falta de acceso a la justicia y oportunidades.
Esta percepción no es casual; la mayoría de los mexicanos, sobre todo las clases trabajadoras, sentimos cómo la pobreza ha ido en aumento: aunque las cifras oficiales anuncien que se ha reducido, la realidad es otra.

Datos del Inegi indican que hay 38.5 millones de mexicanos en pobreza multidimensional; 7 millones en pobreza extrema; existen 44.2 millones de mexicanos que no pueden comprar la canasta alimentaria con su ingreso laboral; el acceso a la salud es más difícil, la educación va en deterioro, la adquisición de una vivienda es más complicada, ya no es posible ahorrar, el trabajo es escaso y mal pagado.
La clase obrera está cada día en el trabajo informal porque las fábricas y empresas cierran, los ingresos de las familias son cada vez más bajos. Estamos parados en el peor desarrollo económico de México.
Como vemos, los problemas de nuestro país son tan complejos, tan grandes, que no se combaten con buenos deseos, ni con las acciones individuales y aisladas.
Los mexicanos debemos comprender que los problemas son sociales y tienen raíces profundas, que hay que arrancar. Pero para ello se requiere que el pueblo trabajador, que es el creador de la riqueza nacional, pero que a la vez es quien sufre las injusticias al no ser beneficiado de esa riqueza que produce con sus manos, deje de acostumbrarse únicamente a sobrevivir y a no mirar más allá de sus carencias inmediatas.

Los antorchistas llevamos más de 50 años dando luchas inmediatas, por agua, drenajes, escuelas, viviendas, caminos, etcétera. Estas luchas son importantes y han beneficiado a millones de mexicanos, pero definitivamente han sido insuficientes, porque no se ataca de raíz el problema, que es la injusta repartición de la riqueza, que se da desde la estructura social, misma que permite que los frutos del trabajo de la mayoría sean apropiados por unos cuantos hombres y familias que se encuentran en el poder.
Por lo tanto, la clave está en que los antorchistas debemos insistir en la tarea de educarnos políticamente, para que en las mayorías ayudemos a despertar una conciencia crítica, que le haga entender su papel en esta sociedad, el funcionamiento del sistema político y económico, y sobre todo, que se le dote de herramientas necesarias para transformar la realidad.
Los mexicanos debemos sumar fuerzas, unirnos y actuar en conjunto. A todos aquellos mexicanos que están preocupados por el futuro de sus familias ante la difícil realidad, los llamamos a que se organicen y juntos convertirnos en una fuerza social gigantesca, que pueda tomar el poder político y gobernar en favor de las grandes mayorías que es el pueblo trabajador.
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