La XXII Espartaqueada Deportiva Nacional, celebrada en Tecomatlán, Puebla, no ha sido una simple competencia atlética de alto rendimiento, sino un auténtico derroche de energía, buena disposición, espíritu competitivo, euforia y convocatoria de las juventudes antorchistas e invitados de todos los rincones del país. El desempeño de los participantes en las canchas de la Atenas de la Mixteca fue el reflejo de una juventud que se niega a la apatía y abraza la disciplina como una norma de vida. Entre porras y gritos estentóreos prevaleció la fraternidad por encima de todo.
El deporte para el Movimiento Antorchista Nacional (MAN) es una muestra de templanza. Un ejemplo vívido de esta experiencia se mostró en el partido de basquetbol de la categoría juvenil C (nivel licenciatura) entre las delegaciones no antorchistas de Coahuila y Chiapas. El marcador se mantuvo con una diferencia mínima durante todo el encuentro; el ambiente era muy cálido y el público aplaudía con entrega cada enceste. A pesar del roce físico intenso, natural en esta disciplina, y de la tensión propia de la competencia, el final fue una lección de civismo: triunfadores y derrotados se fundieron en un saludo fraterno antes de retornar a sus entidades.
Esta misma nobleza se observó en los más pequeños. Al término de un juego de la categoría infantil B entre Morelos y Michoacán, las lágrimas de los niños que perdieron conmovieron a los presentes. Sin embargo, allí emergió la labor formativa del entrenador, quien les invitó a no ver la derrota como un fracaso sino como una invaluable oportunidad de aprendizaje hacia el futuro.
Quizá, uno de los episodios más inspiradores de esta edición fue la de los jóvenes de Salina Cruz, Oaxaca: Ante la negativa de apoyo de su gobierno estatal, estos atletas no se dieron por vencidos y, movidos por su inquebrantable deseo de competir, se trasladaron de “aventón en aventón” a Tecomatlán desafiando peligros y carencias. Está es la juventud revolucionaria que México necesita; la que no se detiene ante negativas ajenas, sean de autoridades o rivales; que cruza distancias enormes por un ideal.
A este mismo espíritu de lucha debieron su éxito las jovencitas del C mtro de Bachillerato Tecnológico Agropecuario No. 110 de Tecomatlán, muchas de ellas provenientes de comunidades humildes como Olomatlán, o de estados vecinos como Oaxaca y Guerrero, donde el MAN ha fundado escuelas de nivel básico, medio y superior. Su disciplina las llevó a la final y dedicaron la victoria al ingeniero Aquiles Córdova Morán, en reconocimiento a que su guía ha hecho posible no sólo la infraestructura deportiva, sino la educación integral que hoy las ha colocado en la cima de los encuentros InterCBTAs.
Un equipo de Sonora compartió su sacrificio: dos días de viaje desde Hermosillo para llegar a la Mixteca poblana. A pesar de perder sus partidos, su actitud fue ejemplar. Con la franqueza que caracteriza a los sonorenses, declararon estar contentos por la experiencia de enfrentar a equipos de otros estados y prometieron que, en dos años, regresarán mejor preparados. Esta actitud gallarda y firme es la constante en una juventud que cuida las instalaciones y se comporta con una nobleza que regularmente brilla por su ausencia en otros eventos masivos.
En el mensaje político y social que el secretario general del MAN, el ingeniero Aquiles Córdova Morán pronunció en la inauguración de la Espartaqueada, destacó que el deporte no debe entenderse como una simple actividad física o un espectáculo, sino como un instrumento fundamental para forjar un “hombre nuevo”, dotado de una mentalidad ganadora y, sobre todo, de un espíritu de lucha inquebrantable.
Nuestro secretario general lanzó una crítica severa a la visión comercial del deporte que impera en el sistema actual. Denunció que el capitalismo ha transformado la actividad física en una mercancía con la que se busca el lucro por encima del desarrollo humano y la salud del pueblo. Frente a esta realidad, la Espartaqueada se erige como una alternativa popular y humanista.
Uno de los momentos más trascendentes fue la invitación directa hacia los miles de deportistas presentes, pues el maestro Aquiles los instó a que el vigor y la disciplina que demuestran en las canchas fueran trasladados a la lucha social. El maestro insistió en pedirles que no sean “deportistas de ocasión”, sino que se integren a la organización para combatir las causas de la pobreza y la desigualdad en México. “Es necesario que, al regresar a sus estados, se conviertan en líderes que organicen a sus comunidades, utilizando el deporte como un medio de unión popular”. Su invitación fue clara y contundente: la energía de la juventud debe ser el motor de la transformación política que el país reclama a gritos.
El ingeniero Aquiles también dedicó palabras de profundo reconocimiento a los habitantes de Tecomatlán, a cuya comunidad calificó como un modelo de organización popular lograda cuando se tiene un objetivo claro. Y, asimismo, les hizo una invitación fervorosa a los tecomatecos y visitantes para que acudan a todos de los eventos del MAN. El motivo del llamado consiste en que el pueblo mismo sea el espectador, el apoyo y juez de estas competencias. Con los recintos llenos se confirma que estos encuentros son “del pueblo y para el pueblo” y que la cultura y el deporte no deben ser privilegios de élite, sino derechos conquistados por la clase trabajadora.
En su discurso, el maestro Aquiles Córdova abordó también problemas de política internacional y citó a Cuba como ejemplo de resistencia ante las agresiones y bloqueos del imperialismo yanqui. La historia demuestra, añadió, que cuando los pueblos están organizados y educados, son capaces de frenar los abusos de los imperios y construir sociedades más justas. “Es la hora de los pueblos”, pues únicamente ellos tienen la fuerza legítima para transformar el destino de la humanidad y frenar al imperialismo.
La XXII Espartaqueada Deportiva nos llama a impulsar más la cultura y el deporte como los ejes rectores de la verdadera transformación nacional y a mostrar la calidad de las instalaciones deportivas de Tecomatlán, que son una muestra del trabajo organizado. La energía juvenil desplegada en Tecomatlán nos demuestra que una sociedad más justa es posible si se cuenta con el factor-clave: la organización.
Llamamos a todos los jóvenes de México a que se sumen a esta labor. No basta con ser buenos atletas; es imperativo ser ciudadanos conscientes, educados y organizados para dirigir los nuevos destinos de una patria moderna, soberana y justa. La lección de las Espartaqueadas radica en que la derrota es sólo experiencia para el éxito futuro y que la unión de los humildes es la fuerza más poderosa de la Tierra. ¡Que viva la juventud deportista! ¡Que viva la organización popular!
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