MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

Mayor pobreza en México

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  • Cerca del 29.6 % de mexicanos padece rezago multidimensional y el sueldo es insuficiente para necesidades básicas

Durante años, los gobiernos de la llamada 4T han repetido hasta el cansancio que "primero los pobres". La frase, convertida en emblema político por el expresidente Andrés Manuel López Obrador y retomada por la presidenta Claudia Sheinbaum, prometía colocar en el centro de las políticas públicas a los sectores históricamente más olvidados. 

La pobreza no desaparece porque cambie la narrativa oficial; sigue presente en cada colonia marginada y comunidad rural abandonada.

Sin embargo, la realidad cotidiana demuestra que millones de mexicanos siguen atrapados en la pobreza, mientras las promesas oficiales contrastan con las condiciones que viven trabajadores, campesinos y familias de escasos recursos.

Aunque las cifras oficiales muestran una disminución de la pobreza multidimensional respecto a 2018, ello no significa que el problema haya sido resuelto. 

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), cerca del 29.6 % de la población mexicana continúa viviendo en condiciones de pobreza multidimensional, mientras que la pobreza laboral alcanza al 27.2 % de los habitantes del país. Esto significa que millones de personas siguen sin generar ingresos suficientes para cubrir las necesidades básicas de sus familias.

Los números pueden parecer alentadores cuando se presentan desde una conferencia mañanera, pero pierden fuerza frente a la realidad que diariamente se observa en las calles. 

Basta recorrer cualquier ciudad para encontrar más personas limpiando parabrisas en los cruceros, niños vendiendo dulces, mujeres ofreciendo flores o adultos mayores buscando cualquier oportunidad para obtener unas monedas. 

La pobreza no desaparece porque cambie la narrativa oficial; sigue presente en cada colonia marginada, en cada comunidad rural abandonada y en cada hogar donde el salario ya no alcanza para comprar la canasta básica.

Las cifras del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) muestran un panorama aún más preocupante. Apenas 34 de cada 100 personas logran salir de la pobreza laboral, mientras que casi siete de cada diez permanecen atrapadas en esa condición durante al menos un año. 

El problema se agrava cuando el hogar es encabezado por una mujer, cuando el empleo es informal o cuando la familia habita en entidades históricamente rezagadas como Chiapas, Veracruz, Guerrero o Hidalgo.

Estos datos revelan que la movilidad social continúa siendo una promesa incumplida. No basta con entregar apoyos económicos si no se generan empleos bien remunerados, inversiones productivas, infraestructura y oportunidades reales para que las familias mejoren de manera permanente su calidad de vida.

La situación del campo mexicano es otro ejemplo del abandono gubernamental. Miles de productores enfrentan sequías prolongadas, inundaciones, altos costos de producción y la disminución de apoyos para la actividad agrícola. 

A ello se suman problemas sanitarios que afectan la producción pecuaria y la incertidumbre económica que viven quienes dependen del campo para subsistir.

Mientras tanto, los discursos oficiales continúan asegurando que el país vive una transformación histórica que muchos campesinos simplemente no alcanzan a percibir.

En medio de este panorama, organizaciones sociales como el Movimiento Antorchista mantienen presencia en comunidades marginadas impulsando gestiones, obras y programas de apoyo con recursos obtenidos mediante la organización popular y el esfuerzo colectivo. Independientemente de las diferencias políticas que puedan existir, resulta evidente que miles de familias siguen recurriendo a este tipo de organizaciones porque encuentran respuestas donde las instituciones gubernamentales no han logrado atender plenamente sus necesidades.

Resulta preocupante que, mientras el gobierno presume indicadores macroeconómicos favorables o celebra la organización de eventos internacionales como el Mundial de futbol, una parte importante de la población continúe luchando diariamente por conseguir alimento, empleo y servicios básicos. 

El desarrollo de un país no puede medirse únicamente por sus grandes proyectos o por los reflectores internacionales, sino por la capacidad de garantizar condiciones dignas para quienes menos tienen.

México continúa siendo un país profundamente desigual. Mientras unos cuantos concentran la riqueza, millones de mexicanos sobreviven entre salarios insuficientes, empleos precarios e incertidumbre económica. 

La pobreza sigue siendo una de las mayores deudas del Estado mexicano y difícilmente podrá erradicarse únicamente con programas asistenciales o discursos políticos.

Si verdaderamente los pobres fueran la prioridad nacional, el crecimiento económico tendría que reflejarse en mejores salarios, mayor inversión en el campo, acceso efectivo a la salud, educación de calidad y oportunidades para todos. 

Hasta que eso ocurra, la consigna de que "primero los pobres" seguirá siendo, para millones de mexicanos, más un lema de campaña que una realidad.

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