El segundo sexenio de gobierno de la 4T, ahora con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, tras cuatro meses de que asumió el cargo, la inseguridad, lejos de disminuir, se ha incrementado.
En lo que va de su periodo, según el secretariado de seguridad pública, cada diecinueve minutos hay un homicidio doloso, con un promedio de 77 por día, algo realmente horroroso.
Los mexicanos estamos no en una película colombiana de la época de Pablo Escobar, sino viviendo en nuestras calles, y aun domicilios, una violencia imparable, al grado que por días paraliza la vida económica y social de ciudades completas.
Los mexicanos estamos presenciando no una película colombiana de la época de Pablo Escobar, sino viviendo en nuestras calles, carreteras y aun domicilios, una violencia imparable, al grado que por días paraliza la vida económica y social de ciudades completas como Sinaloa, Michoacán, Guerrero, Tamaulipas, Guanajuato, Zacatecas, entre otras.
El gobierno mexicano, empezando por el Poder Ejecutivo representado por Claudia Sheinbaum, y los gobiernos estatales, quienes tienen los mayores recursos para combatir la inseguridad, se han visto rebasados. No han logrado pacificar una sola región de nuestro país, y tal parece que quien gobierna México no es el Estado Mexicano.
La herencia de gran inseguridad que dejó AMLO no cede y han salido a la luz casos como el de Teuchitlán, que ha causado gran irritación social en todo el país, y que muestra la colusión de cuerpos de seguridad oficiales y gobernantes con el crimen organizado.
Ante estos horrorosos hechos de hornos crematorios dignos de la época hitleriana, asombran los pronunciamientos de gente como Gerardo Fernández Noroña, presidente del Senado de la república, que primeramente descalifica el hallazgo y lo llama un montaje de los opositores a la 4T, que los cientos de zapatos pertenecientes a las víctimas pudieran no ser de ellas, cuando se sabe ya por testimonios de víctimas que escaparon de esa horrorosa situación que el lugar era un campo de exterminio de un grupo criminal.
Por su parte, la máxima autoridad del país, la presidenta, lejos de reconocer el hecho como grave, se ha limitado a decir que se está estudiando el caso para ver si en verdad corresponde tal y como lo señalan las madres buscadoras, algo que no necesita grandes estudios, pues las evidencias están a flor de tierra.
Ropa, zapatos, mochilas de las víctimas, cientos de restos humanos, no bastan para cimbrar a la primera autoridad del país, para reconocer este terrible suceso que ha causado más dolor a quienes han reconocido indumentaria y cosas de sus hijos.
Los mexicanos bien nacidos no debemos callar ante sucesos como estos; al contrario: debemos exigir a la presidenta que deje de evadir su responsabilidad y se lleve a cabo una investigación profunda de los hechos y castigar con todo el peso de la ley a los culpables materiales e intelectuales de tal atrocidad, incluidas las autoridades cómplices u omisas.
Debemos también exigir que se ataquen las verdaderas causas de la violencia, no los efectos. AMLO prometió atacar las causas con programas como Sembrando vida, Jóvenes construyendo el futuro, y ¿qué logró en términos de combate a la inseguridad? Nada.
Terminó con 199 mil 970 asesinatos dolosos, 52 mil desaparecidos, hasta octubre de 2023 más de 386 mil personas desplazadas de manera forzada en México, cifras superiores a los sexenios de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto. O sea, sus programas no sirvieron para combatir la inseguridad, más bien le sirvieron para cooptar votos para su partido Morena, vil manipulación.
La causa verdadera está intacta, y esta no es otra cosa que la tremenda desigualdad social que existe en México, donde Carlos Slim, Germán Larrea, Alberto Bailléres y Ricardo Salinas Pliego, los hombres más ricos del país, tienen una fortuna cuyo total equivale al 9 % del Producto Interno Bruto (PIB) del país. Representan, de acuerdo con un reciente estudio académico, la creciente desigualdad que afecta a los mexicanos.
Urge que los mexicanos nos propongamos construir un nuevo modo económico, donde la riqueza se reparta más equitativamente a través de la generación de empleos suficientes para todo el que lo necesite, salarios dignos que cubran la canasta básica, que hoy está entre los 757.50 y los 1,008.50 pesos, que se cambie la política fiscal regresiva por una progresiva (que pague más impuestos el que gana más y menos el que gana menos; hoy las cosas son al revés).
Que se destinen recursos suficientes de nuestros impuestos a salud, educación, vivienda, dotación de suficiente agua potable y drenaje sanitario a los hogares, energía eléctrica de calidad y a precios justos.
Cuando los mexicanos tengan buen salario y empleos de calidad, un buen sistema educativo, cultura suficiente, no habrá necesidad de delinquir y enrolarse en actividades ilícitas.
¿Qué se necesita para lograr todo esto? Que la inmensa mayoría del pueblo trabajador se una y organice bajo estas banderas y deseche a todos los políticos actuales refugiados en todos los partidos oficiales, incluido Morena, que hoy es un nido y refugio de corruptos y de nuevos ricos surgidos dizque de la izquierda, pero que en realidad todos ellos son políticos de un sistema económico explotador de la clase trabajadora.
Manos a la obra, a construir esa alternativa nueva, que eduque y organice al pueblo, que lo enrumbe a un brillante futuro de verdadera justicia social. Cito la frase de José Martí, para que sea una idea para impulsarnos en medio de la desgracia que hoy vivimos: “A trabajar todos, por el bien de todos”.
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