• Una comunidad escolar ha enfrentado durante ocho años obstáculos políticos para consolidar su proyecto educativo
El viento de la mañana no pide permiso; se mete de golpe, afilado y frío, cruzando los huecos vacíos de unas ventanas sin cristal. Estamos en los márgenes de Amozoc, dentro de unas aulas provisionales donde el suelo es un recordatorio constante de la gravedad y la intemperie.
Aquí, donde las paredes se levantaron a pulso, mezclando lodo, sudor y la terca voluntad de unos padres de familia cobijados por el Movimiento Antorchista.
La postura del presidente municipal ha transitado de la omisión perezosa al boicot deliberado y abiertamente hostil.
En un rincón de este predio prestado por la Escuela Secundaria Técnica Número 147, Brandon y Karen intentan aferrar el bolígrafo con dedos entumecidos. Tienen la mirada fija, madura, estrujada por una realidad que los obliga a crecer antes de tiempo, mientras sus manos delatan el rigor de un clima implacable.
Comparten una mesa improvisada, ensamblada con retazos de maderas gastadas que apenas logran sostener los cuadernos, pero que son incapaces de ocultar las profundas carencias del lugar.

Para estos jóvenes, y para los más de 200 estudiantes que habitan este espacio, estudiar ha dejado de ser un simple acto académico. Se ha transformado en un ejercicio cotidiano de resistencia física, en una postura política frente al abandono institucional que los pretende invisibles. Cada lección dictada entre estas paredes es un pulso ganado al desinterés del Estado.
“Estudiar aquí es una lucha diaria”, murmura Brandon, deteniéndose un segundo para ajustarse una chamarra desgastada que ha visto mejores tiempos.
Sus palabras no llevan el tono de la queja, sino el peso de una certeza cotidiana:
“Cuando llueve, el ruido sobre las láminas del techo se vuelve tan ensordecedor que apenas alcanzamos a escuchar la voz del maestro.

El agua se mete por debajo, inunda nuestros zapatos, entumece los pies. Pero no nos vamos a rendir; nosotros también queremos un futuro”.
A su lado, Karen asiente en silencio, sosteniendo el cuaderno apoyado firmemente sobre las rodillas para evitar que la vibración del viento lo mueva. Sus ojos reflejan una mezcla de indignación y dignidad:
“Es injusto que las autoridades miren hacia otro lado. Nos ven como simples números o, peor aún, como enemigos, sólo porque la comunidad se organizó para exigir lo que por derecho nos corresponde. La educación pública no tendría que ser una dádiva ni un favor político; debe ser una realidad que transforme vidas”.
La cruda realidad del Bachillerato Digital 283 choca de frente contra el muro de piedra de la burocracia municipal. El director de la institución, Adrián Cortez González, ha denunciado con una claridad tajante el sesgo político y la flagrante discriminación ideológica que ejerce el ayuntamiento local.
No se trata de una situación reciente ni de una crisis coyuntural: durante ocho largos años, las carpetas, los planos y las solicitudes formales para la donación de un terreno propio han sido archivados de manera sistemática en los cajones del olvido municipal. La postura del presidente municipal ha transitado de la omisión perezosa al boicot deliberado y abiertamente hostil.

Mientras el ayuntamiento administra los recursos públicos con lógicas de control, castigo y marginación, el Bachillerato Digital 283 sobrevive gracias a un entramado que las autoridades parecen no comprender: la solidaridad de clase y el trabajo comunitario.
Son los padres de familia, los propios estudiantes y el Movimiento Antorchista quienes, con faenas los fines de semana y aportaciones colectivas, sostienen en pie el sueño de una infraestructura digna.
El director y los comités comunitarios se mantienen firmes en su postura: la solución a este conflicto no puede seguir secuestrada por los intereses particulares y caprichos de un ayuntamiento que criminaliza la organización.
La intervención de instancias superiores se vuelve urgente para romper este cerco político asfixiante y garantizar, de una vez por todas, el derecho humano a una educación científica, crítica y de calidad para la juventud de Amozoc.
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