• Joven voleibolista brilla en la Espartaqueada Deportiva tras superar un largo viaje desde Mérida
En la cancha de voleibol de la Espartaqueada Nacional, a veces los reflectores no los acaparan los más altos ni los que levantan más la mano para rematar. A veces, la luz se posa sobre aquellos que, con espíritu inquebrantable, se niegan a rendirse, aunque todo parezca perdido. Eso fue exactamente lo que ocurrió en el vibrante encuentro entre Yucatán y Veracruz en la categoría libre varonil.
“Me voy con una vista de Tecomatlán espectacular y la experiencia de una Espartaqueada que si tengo la oportunidad de volver a repetir la voy a disfrutar sin duda otra vez”.
Cuando los yucatecos saltaron a la duela, la primera impresión de las gradas fue unánime: enfrente tenían a un cuadro jarocho de jugadores altísimos, muchos superando el 1.80 y 1.90 metros, mientras que los yucatecos rondaban el 1.60. El pronóstico parecía escrito.
Pero en el voleibol, como en la vida, lo que gana es la fuerza del espíritu. Y ahí, en medio de la cancha, un joven delgado, de cabello largo color rosa, que portaba el número nueve bajo la leyenda "Sora", se encargó de reescribir la historia y vaya que la hizo entretenida para el público.
Martín Eduñier de Jesús Hernández Put, su nombre completo, pero para todos es simplemente "Sora". ¿La razón? Desde niño le ha gustado mucho el cielo, pintar el firmamento y sus estrellas, así como capturar con su teléfono la inmensidad de este; "en japonés, ‘cielo’ se dice ‘sora’, entonces por eso me dicen así", confiesa a la cámara.
El encuentro contra Veracruz fue un auténtico volado. Los primeros minutos pintaban complicados; los yucatecos se vieron un poco desanimados ante la mole jarocha. Pero entonces, Sora tomó la batuta.
Empezó a presionar, a clavar puntos, a levantar la moral de sus compañeros con cada grito y cada jugada: "Es un poco cansado, pero se disfruta mucho, la verdad", confiesa sobre cómo se vive desde adentro un partido tan intenso.

El marcador terminó con una derrota ajustadísima para Yucatán por no más de tres puntos, pero la sensación fue de una victoria moral. Veracruz ganó el partido, pero Sora y sus compañeros se ganaron el respeto de todos los presentes. Su desenvolvimiento fue magistral y no pasó desapercibido para nadie.
Llegar desde Mérida, Yucatán, hasta Tecomatlán no fue tarea fácil. El viaje, de por sí largo, tuvo un contratiempo inesperado: "Fue un viaje un poquito largo porque nos confundimos de camión y agarramos uno que se tardó como siete horas", relata Sora entre risas.
Pero al final, la meta era llegar: "Terminamos llegando aquí, todos muy bien, todos contentos, tranquilos. Estamos disfrutando de Tecomatlán".
Como muchos de los participantes, el aspecto económico fue un reto. Sin patrocinios gubernamentales, los jóvenes deportistas tuvieron que ingeniárselas: "Estuvimos juntando un poco de dinero entre todos para pagar los boletos de avión. Ese era el pequeño detallito que teníamos. Pero a fin de cuentas lo logramos resolver entre todos, se formó bien todo y logramos llegar hasta aquí", explica con orgullo, demostrando que la unión hace la fuerza.

Un espacio que abraza el talento
Sora es consciente del privilegio que significa estar aquí, pues mientras muchos jóvenes se quedan con las ganas de competir por falta de apoyos, la Espartaqueada abre sus puertas de par en par.
Para él, este evento es "algo muy grato, muy bondadoso, muy bueno. Se le da la oportunidad a mucha gente, a nosotros. Tenemos la oportunidad de que nos dieron dónde quedarnos, se nos comparte comida, se nos comparten baños, todo muy, muy bien".
Y aunque son muchos los estados y municipios que arriban a tierras tecomatecas para convivir, la organización es impecable: "A pesar de que son muchas, pero muchas comunidades las que vienen, todo está bien gestionado, organizado, para que todos tengan un buen trato y la pasen bien, la verdad", agrega.
Rivalidad con hermandad
En la cancha, la competencia es feroz, pero Sora reconoció el lado positivo: "Es una rivalidad competitiva, pero de la que no es mala. Se ponen al tú por tú, pero para disfrutar el juego. Ambos saben que todos se han esforzado para llegar acá y quieren que se disfrute. Todos quieren dar todo de ellos contra los otros, para estar así pegados lo más posible".
Y en las gradas, el ambiente no se queda atrás. Las compañeras yucatecas, también voleibolistas, se robaron el show con una porra ensordecedora, llena de ánimo y color, que impulsó a su equipo en los momentos más complicados. Ese apoyo incondicional es el combustible que necesitan los guerreros de la duela.

Tecomatlán, una revelación
Esta es la primera vez que Sora pisa Tecomatlán y la imagen que se llevará de regreso a su tierra es imborrable: "La verdad, no me imaginaba encontrar un evento tan grande y cálido", confiesa. "Me voy muy contento, muy satisfecho, muy feliz. El lugar es muy bonito, la gente es muy cálida, todos son muy hogareños, nos recibieron muy bien".
Su despedida es un reflejo del espíritu de la Espartaqueada: "Me voy con una vista de Tecomatlán espectacular, y la experiencia de una Espartaqueada, que, si tengo la oportunidad de volver a repetir, la voy a disfrutar sin duda otra vez".
Así, entre remates, porras, bloqueos y sonrisas, Sora y su equipo demostraron que en el deporte no importa la estatura, sino la grandeza del corazón.
0 Comentarios:
Dejar un Comentario