MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

TECOMATLÁN: DÍAS DE FERIA

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El desfile el día de la inauguración fue larguísimo. No tuve el cuidado de tomar el tiempo, pero aseguro que duró más de dos horas. En una población pequeña parece increíble. No se crea usted, en esta ocasión escribo con temor. Temor de que no se me crea cuando necesito precisamente que se me crea. La feria de Tecomatlán es, ha sido desde hace muchos años un acontecimiento sobresaliente en la historia de México. Evito decir único o algo equivalente porque no es mi intención ofender a nadie de los muchos que llevan en el alma las fiestas de su pueblo, que las recuerdan no pocas veces con los ojos humedecidos y ansían estar en ellas aunque sea un ratito y sin dinero, vivir lo que han sido y con quienes han crecido. Pues sin pretender ni por pienso agraviar a nadie, la Feria de la Unidad entre los Pueblos que se organiza cada año en Tecomatlán es una de ellas.

¿Feria de la Unidad entre los Pueblos? Alguien debe haber querido mandarnos un mensaje a nosotros y a los hombres y mujeres que estarán aquí después. Mensaje para atender. Sí, los que viven de su trabajo en sus pueblos y los que salen por temporadas o para siempre para ganarse unos pesos, no tienen ninguna razón para enfrentarse y chocar. La mejoría de unos es la mejoría de otros y la desventura de unos, será, tarde o temprano, la desventura de todos. Y si viven, trabajan y luchan como uno solo, si practican la unidad, que es la gran causa que está en el origen del progreso humano, los resultados serán espléndidos y más duraderos, quizá, soñemos, eternos.

Abrió la inmensa columna de voluntarios, el contingente juvenil de la cabecera municipal de Tecomatlán, población de la avara Baja Mixteca poblana, que ha pasado de tener sólo una escuela primaria incompleta a contar para sus hijos y para los hijos de los campesinos y trabajadores de una amplia zona geográfica del país, una cadena educativa que abarca cursos de posgrado. Muchos, en proporción, muchísimos de los descendientes de los tecomatecos, son profesionistas. Pues ahí iba el bloque de los estudiantes del nivel superior que no eran menos de seiscientos y llevaban una soberbia Banda de Guerra de casi cien integrantes que tempranito, oscuro todavía, casi diario, inicia su escoleta, la escucha quien habita o visita Tecomatlán.

¿Podría haber una exhibición de lo tecomateco de antes y de ahora, si no hubieran ido ahí también, pasando frente a una multitud que sacó sillas a la banqueta desde temprano para apartar su lugar, sus bailes tradicionales? Me han contado que muchos de los hijos de este poblado o que ahí se han criado y que han tenido que salir, muchas veces, antes de dormirse pasan por su mente los Xolos y el Xochipitzáuatl, Flor menudita, ¡que dulce nombre!, que pasmados vieron y oyeron de niños. La patria, la grande y la chica, son sus danzas y su música que siempre nos siguen y van con nosotros.

El Movimiento Antorchista Nacional y, consecuentemente, la moderna lucha de los pobres del campo, se inició en Tecomatlán a mediados de los años setenta del siglo pasado. El esfuerzo, el sacrificio y los logros de los pioneros conmovieron a todos los que los conocieron, cundió su ejemplo. Brotaron, uno, dos, muchos tecomatlanes tratando de imitar todo lo bueno y los habitantes de los pueblos y colonias que progresaban, se sintieron, se sienten todavía, deudores de sus audaces hermanos de la vanguardia.

Así se explica que muchos, casi como cualquiera que allá ha nacido, quieran estar con los tecomatecos en los días de su feria y en otras ocasiones importantes para ellos. Así debe entenderse la multitud que desfiló en la inauguración, los que llegaron de los otros poblados del municipio, del estado de Puebla y de todo el país. Así se explican los llenos completos de la Plaza de Toros para ver los inolvidables jaripeos que, como la infinidad de espectáculos que se presentan, son absolutamente gratuitos.

Porque aquello, en el día grande de la fiesta, en el Miércoles de Ceniza, estaba llenísimo. También pienso, ¿cuántos pequeños van a ir por la vida recordando esos jaripeos rancheros mexicanos, con toros colosales, a los que pudieron admirar con papá y mamá porque no tuvieron que pagar? Los bailes folclóricos que los preceden y los conciertos en el formidable auditorio que no se halla en muchas capitales de estados, también son absolutamente gratuitos. No es milagro. Es la consecuencia de la organización del pueblo, del pueblo de Tecomatlán y del pueblo de buena parte del país que trabaja de consuno, en solidaridad inquebrantable.

Antorcha es el pueblo organizado, no son sólo sus dirigentes. Pero en toda la historia escrita de la humanidad, que ya se sabe es la historia de la lucha de clases, siempre y en todas partes, ha habido hombres y mujeres sobresalientes que se han aventurado, han guiado y han resistido al frente de los sufridos, de los insignificantes y los han empujado y jalado a una vida mejor. No hago comparaciones, las dejo al lector. Sólo digo con mucho orgullo y porque soy afortunado, que a la cabeza del Movimiento Antorchista y de sus conquistas, está uno de esos: solidario, trabajador, visionario y, tecomateco además, Aquiles Córdova Morán, quien invitado por el presidente municipal de Tecomatlán, Avelino Rivera Campos, para decir unas palabras e inaugurar la feria, pronunció algunas que me parece que en los tiempos que vivimos y las amenazas que se ciernen sobre nosotros, sobre todos los mexicanos, deberían conocerse ampliamente. Coopero modestamente con ello incluyéndolas en este trabajo.

“Señoras y señores, amigos todos del pueblo de Tecomatlán que hoy nos hacen el favor de su presencia. Señores presidentes municipales que también nos honran con su compañía y cuya presencia es un símbolo de que la meta del antorchismo no está muy lejos de convertirse en una realidad. A la Directora de Promoción Cultural del estado de Puebla le agradezco también su presencia. Su estancia es calor, es orgullo, es entusiasmo para el pueblo de Tecomatlán. Muchas gracias, Presidente. No me tardaré mucho.

Solo quiero decirles, amigas y amigos, que hoy México se encuentra aprisionado en una pinza mortal. En el exterior están las amenazas del imperialismo norteamericano, que con el pretexto de combatir el narcotráfico en tierras ajenas, porque en la suya no hacen nada para combatirlo, amenaza con invadir a nuestra querida patria, a nuestra patria México, sobre la que no tienen absolutamente ningún derecho. Ese es el primer peligro.

El segundo peligro, el otro brazo de la pinza, está en el interior. México está sometido a un régimen de inseguridad, a un régimen de sangre, de secuestros, de asaltos, de robos, de violaciones, de tráfico de mujeres y de niñas y niños, de tal manera que la vida y la tranquilidad de los mexicanos no sólo está en peligro, sino que hace rato que ha prácticamente desaparecido de la superficie del país. Todo mexicano que quiera o que tenga algo que hacer fuera de su domicilio tiene que hacerlo muy temprano porque si sale más noche corre el peligro de ya no regresar a su casa.

Este es el segundo brazo de la pinza y por eso les quiero decir que frente a esta doble amenaza, frente a esta doble y gravísima amenaza para México y para los mexicanos, sólo hay un remedio, sólo hay una salida, la organización del pueblo de México para defender su soberanía y para defender la paz y la tranquilidad de las familias mexicanas. Ha llegado la hora de que nos sacudamos los lavados de cerebro que dicen que ser antorchista es casi un delito.

Ha llegado la hora de que digamos que no hay en México ninguna organización ni partido político que le esté proponiendo al pueblo el camino que yo estoy señalando aquí. La organización de los mexicanos es la única fuerza que puede acabar con la amenaza externa y con la amenaza interna. Organicémonos, hagamos realidad el eslogan de esta feria que es la Feria de la Unidad de los Pueblos.

Los pueblos deben de dejar de temerle a Antorcha, deben desechar la propaganda negra que se ha lanzado contra la organización y entender que el camino que Antorcha propone es el camino de la salvación de nuestra patria, tanto frente a las amenazas extranjeras como frente al quebrantamiento profundo del tejido social, pacífico y honrado de todos los mexicanos.

Unámonos, unámonos, unámonos, unámonos mexicanos. Unámonos, paisanos mixtecos. Ha llegado la hora de los pueblos. Muchas gracias”.

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