Ante las advertencias del imperio estadounidense, con el presidente Donald Trump recientemente reelecto y al mando de una potencia en decadencia, se han pronunciado varias declaraciones tratando de reconfigurar y relanzar la economía de su país.
En este contexto, ha lanzado una serie de amenazas para el mundo entero, con distintos niveles de afectación social y económica según cada nación. México, dada su extrema dependencia económica de Estados Unidos, enfrenta una situación especialmente complicada.
El gobierno de la Cuarta Transformación habla de desarrollo económico con bienestar, pero no explica cómo lograrlo. Son sólo frases huecas sin un plan real.
Trump ha intimidado a la clase capitalista mexicana advirtiendo que impondrá impuestos tanto a importaciones como a exportaciones en la relación comercial entre ambos países. Esto se traducirá en una mayor inflación de los productos que consumen los mexicanos y, como siempre, los más afectados serán aquellos que menos tienen: la clase trabajadora, que no puede defenderse y que, una vez más, pagará los platos rotos del sistema.
La inflación, ese aumento generalizado y sostenido de los precios de bienes y servicios, es una de las principales amenazas para el poder adquisitivo de los ciudadanos. En México, la inflación anual ha promediado 4.5 % en los últimos años, lo que significa que el dinero pierde su valor con el paso del tiempo. Esto impacta especialmente en el costo de bienes y servicios esenciales, como alimentación, vivienda y transporte.
Apenas hace unos días, el jueves 20 del presente mes, la presidenta Claudia Sheinbaum arribó a Monterrey para asistir a la Asamblea Anual de Caintra Nuevo León. Más tarde, se reunió con empresarios para revisar los aranceles de 25 % impuestos por el gobierno de Estados Unidos al acero y al aluminio.
En dicho evento, Jorge Santos Reyna, presidente de Grupo Arca, tomó protesta como nuevo dirigente de la Cámara de la Industria de Transformación de Nuevo León (Caintra), un organismo que representa los intereses del sector industrial del estado.
“Queremos seguir siendo un factor de cohesión, un aliado para el desarrollo, el progreso y el crecimiento de México”, manifestó Santos Reyna.
Claudia Sheinbaum, en su participación en la Asamblea Anual Ordinaria de Caintra, marcó un contraste respecto a la postura que su gobierno asumió en octubre de 2024, cuando el gabinete económico federal canceló su asistencia a la reunión anual de la Confederación de Cámaras Industriales de México (Concamin).
Durante su discurso, hizo un llamado a los empresarios a sumarse a la política industrial delineada en el Plan México:
“Tenemos hoy un instrumento que busca aumentar la producción en nuestro país, fortalecer el mercado interno y fomentar el crecimiento, pero con bienestar”.
Pero, ¿para quién es ese bienestar? La clase trabajadora sigue padeciendo un sinnúmero de necesidades.
Altagracia Gómez Sierra, enlace empresarial de la Presidencia, y el gobernador de Nuevo León, Samuel García, también asistieron al evento. Asimismo, los principales representantes del grupo empresarial conocido como “El Grupo de los Diez” estuvieron en primera fila: José Antonio Fernández Carbajal (Femsa), Álvaro Fernández Garza Sada (Alfa), Rogelio Zambrano (Cemex), Adrián Sada (Vitro), entre otros.
Santos Reyna asume la presidencia de Caintra en un momento desafiante para el modelo de crecimiento mexicano basado en exportaciones.
La administración de Donald Trump ha impulsado un cambio de política comercial mediante el uso de aranceles como herramienta para corregir déficits comerciales y repatriar inversiones manufactureras.
“El mundo y sus reglas están cambiando rápidamente, y es en estos momentos de incertidumbre cuando debemos mostrar la fortaleza y tenacidad que nos caracteriza como nuevoleonenses”, destacó Santos Reyna.
Agregó que Caintra expresa su preocupación por los aranceles, pues podrían afectar negativamente la competitividad y las cadenas de valor construidas con esfuerzo.
En respuesta, Sheinbaum declaró: “Coincido plenamente en que la integración económica de México con Estados Unidos fortalece a ambos países”.
Por su parte, Santos Reyna ofreció colaborar en la revisión del T-MEC y en la implementación del Plan México: “Es esencial buscar soluciones colaborativas que fomenten la libre competencia, el desarrollo económico y un comercio justo para beneficio de todos” (Código Magenta).
Sin embargo, más allá del discurso empresarial, hay una realidad que no se menciona. Los empresarios están preocupados por sus utilidades, pero no por el desarrollo social y económico de la clase trabajadora de Nuevo León. No se abordaron temas cruciales como el transporte público, la crisis ambiental y de salud provocada por la contaminación, la inseguridad, la vivienda, la infraestructura urbana o el acceso al agua potable para colonias y comunidades rurales.
Tampoco se mencionó una mejora salarial ante la inminente alza de impuestos, lo cual es predecible, porque sin estas medidas el sistema capitalista colapsaría, y eso, por supuesto, no es una opción para “los de arriba”.
Como dice el refrán: “Jalisco nunca pierde, y cuando pierde, arrebata”. El imperio norteamericano, en su declive, ya no confía en el mercado autorregulado por la oferta y la demanda, sino que ahora dicta las reglas según su conveniencia.
El gobierno de la Cuarta Transformación habla de desarrollo económico con bienestar, pero no explica cómo lograrlo. Son sólo frases huecas sin un plan real. La clase trabajadora sigue siendo pobre, vive al día, se alimenta mal, accede a un sistema de salud deficiente y recibe una educación que perpetúa el statu quo.
Ante esta situación, en la que la clase obrera es ignorada y nadie parece preocuparse por ella, se hace urgente su educación y politización. Sólo con unidad ideológica y acción organizada podrá tomar el poder político y transformar su realidad raquítica en una sociedad justa y equitativa para todos.
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