MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

El imperio e Irán

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• La ofensiva del 28 de febrero fracasa tras 40 días y escala tensión en Medio Oriente

El día de hoy abordaré la agresión armada que los gobiernos de Estados Unidos e Israel iniciaron contra el pueblo de la República Islámica de Irán el pasado 28 de febrero.

Iniciaré por lo más reciente, que fue el anuncio del alto al fuego temporal pactado entre Estados Unidos e Irán el pasado martes 7 de abril por la noche, como resultado de que no pudieron doblegar, como imaginaron, al pueblo iraní y a su gobierno.

Atacando Irán, Estados Unidos ataca a los Brics y busca frenar su integración económica global.

Sin embargo, dicho acuerdo temporal de paz se rompió apenas unas horas después, el miércoles 8 de abril, como consecuencia de que el gobierno de Israel bombardeó de forma indiscriminada la ciudad de Beirut, capital del Líbano, una de las naciones que forman parte del Eje de la Resistencia Antiimperialista junto a Irán. Por esa razón, hasta el momento, el mundo entero se encuentra en vilo, porque no hay claridad sobre el fin del conflicto en Medio Oriente.

Hay que recordar que la actitud violenta y guerrerista del gobierno de Estados Unidos es resultado de las leyes objetivas del desarrollo de la sociedad capitalista que la condujeron a su fase imperialista, en donde predominan los grandes monopolios y el capital financiero, que en su evolución final se ha convertido en capital usurero o ficticio. 

Es decir, para incrementarse ya no quiere producir nuevas mercancías, sino que pretende hacerlo con mecanismos muy violentos: generar peligro de guerra para que los países se vean forzados a comprar armas, destruir la planta productiva de los países a los que invaden para que después las empresas norteamericanas la reconstruyan en su beneficio, así como las tarjetas de crédito o los préstamos inmobiliarios que generaron la crisis de 2008 en Estados Unidos, entre otros ejemplos.

Esta irracional búsqueda de ganancia y riqueza, aun a costa de la vida humana, no conoce moralidad ni respeto al derecho internacional, sino que obedece a las leyes objetivas del desarrollo histórico de la humanidad y sólo desaparecerá cuando se acaben las relaciones de explotación capitalistas y la humanidad transite hacia un nuevo tipo de sociedad, con una economía planificada que resuelva los problemas de todos los seres humanos.

Pues bien, la actitud hostil del imperialismo estadounidense contra Irán viene desde la Revolución islámica de 1979, porque el gobierno emanado de ella les quitó a las empresas norteamericanas el control del petróleo y gas natural iraní. 

Sin embargo, las sanciones económicas, campañas de desprestigio mediático, intentos de revolución de color y agresiones militares abiertas en su contra se recrudecieron a partir de que este país se integró al bloque de los Brics en enero de 2024, alianza de países que buscan un mundo multipolar frente al dominio hegemónico de Estados Unidos.

Por esta razón, la embestida del imperialismo contra Irán ya no es sólo por apoderarse de sus riquezas, aunque esto sigue siendo muy importante, pues Irán posee el 10 % de las reservas mundiales de petróleo y el 15 % del gas natural, así como yacimientos de otros minerales, y cuenta con una fuerza laboral de poco más de 60 millones de personas.

Ahora la agresión contra Irán tiene objetivos geoestratégicos y económicos vitales para la supervivencia del imperialismo estadounidense, porque Irán tiene una ubicación geográfica extremadamente importante, ya que se encuentra entre el mundo occidental, por un lado, y entre Asia y el extremo oriente, por el otro.

Atacando Irán, Estados Unidos ataca a los Brics. Busca limitar el acceso de China al petróleo de Medio Oriente y bloquear la Nueva Ruta de la Seda, que conecta al gigante asiático con Europa. Respecto a Rusia, intenta bloquear la iniciativa del Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur, que conectará San Petersburgo con Mumbai, India, reduciendo el tiempo de transporte en 75 %. El ataque pretende, pues, bloquear la integración económica de los Brics cortándola por la mitad.

Por si fuera poco, Irán hace frontera en el Golfo Pérsico, en el que se ubican otros importantísimos países productores de gas y petróleo que abastecen a la economía capitalista y cuyos grandes buques mercantes tienen que transitar diariamente por el Estrecho de Ormuz, controlado por Irán, para sacar sus mercancías hacia las principales rutas marítimas del mundo.

Así pues, los bombardeos iniciados el pasado 28 de febrero por el gobierno de Estados Unidos e Israel contra Irán, con los cuales asesinaron a su líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, y dañaron parte de su infraestructura civil y militar, buscaban obligar al gobierno de la Revolución islámica a rendirse y provocar revueltas para que la población iraní derrocara a su gobierno legítimo, con lo cual los grandes capitales imperialistas pudieran colocar un gobierno títere que rompiera su alianza con los Brics.

Sin embargo, 40 días después de iniciados los bombardeos sobre Irán, estos objetivos fracasaron. Todos los analistas serios coinciden en que los imperialistas esperaban una victoria rápida y fácil sobre Irán, pero esto no ocurrió, entre otras cosas, por las siguientes razones:

No esperaban una efectiva respuesta militar de Irán, que pocas horas después del primer ataque en su contra destruyó total o parcialmente las catorce bases militares que mantiene Estados Unidos en varios países del Medio Oriente, obligando a miles de soldados estadounidenses a huir e inutilizando sus sistemas de radar. 

Durante las siguientes semanas, Irán bombardeó infraestructura militar clave en Israel, desmontando el mito de la invulnerabilidad de su Cúpula de Hierro, y también atacó certeramente poderosos portaaviones y destruyó aviones de última generación del ejército estadounidense, que se ostenta como el más poderoso del mundo. Una verdadera humillación en el terreno militar.

Irán cerró el Estrecho de Ormuz al tránsito de los buques energéticos y de otras mercancías propiedad de Estados Unidos y de sus aliados. Dado que por esta ruta pasa el 25 % de la producción mundial de petróleo y el 35 % del gas licuado, esta acción desplomó la oferta de estas materias primas y disparó su precio, provocando una seria crisis económica. 

Con ello se afectó a miles de empresas no sólo estadounidenses, sino también de sus aliados capitalistas europeos, por lo que sus gobiernos se negaron a brindar apoyo a la aventura bélica promovida por Estados Unidos e Israel.

Los inmensos gastos que el gobierno de Estados Unidos tuvo que desembolsar para mantener esta guerra provocaron el descontento de los estadounidenses y un rechazo a su gobierno. 

Según el New York Times, el monto global rebasa los 400 mil millones de dólares, a razón de 10 mil millones por día, una cantidad exorbitante para una economía en crisis. Según una encuesta de Reuters Ipsos, actualmente solo el 36 % de estadounidenses aprueba el gobierno de Trump. El domingo 29 de marzo, cerca de 8 millones de personas protestaron en más de cincuenta grandes ciudades estadounidenses, exigiendo alto a la agresión que su gobierno comete contra Irán.

La capacidad de resistencia y movilización del pueblo iraní. Tras el asesinato del líder supremo, el gobierno no colapsó y el pueblo tampoco se desmoralizó ni se lanzó contra sus dirigentes, como esperaban los imperialistas; por el contrario, mostró un alto grado de unidad y patriotismo. Como quedó demostrado con las imágenes de cientos de miles de iraníes cubriendo puentes, carreteras y avenidas principales, rodeando centrales eléctricas, aeropuertos, puertos y otra infraestructura clave, cuando Trump los amenazó con borrarlos de la faz del planeta, dando una muestra de dignidad y valentía a todos los pueblos del mundo.

Por esta razón, el gobierno de Estados Unidos tuvo que aceptar negociar con Irán sobre la base de diez puntos propuestos por el Consejo Supremo de Seguridad Nacional, que consisten en cese total de la agresión armada, control continuo de Irán sobre el Estrecho de Ormuz, aceptación del enriquecimiento de uranio para fines pacíficos, levantamiento de todas las sanciones económicas primarias y secundarias en su contra, pago de reparaciones por la destrucción en Irán, retirada de las fuerzas de combate estadounidenses de la región y cese de la guerra en todos los frentes.

Aún no está claro si el gobierno de Estados Unidos aceptará todos los puntos, pero no queda duda de que, después del conflicto, Irán obtendrá ventajas económicas y políticas mayores a las que tenía antes de sufrir la agresión, convirtiéndose en un poderoso bastión antiimperialista que, junto con los Brics, avanzará en la construcción de un nuevo orden mundial, algo muy benéfico para todos los hombres y mujeres del planeta.

No hay que echar las campanas al vuelo: el imperialismo estadounidense aún no ha sido derrotado por completo, su voracidad continúa en pie y es un peligro para toda la humanidad. 

Por desgracia, es seguro que veremos nuevas agresiones contra los pueblos que desafían su dominio o contra los que considera sus vasallos naturales, entre los que cuenta a México.

Pero observemos bien el ejemplo del heroico pueblo iraní, que no se dobló ante la agresión militar y tampoco cayó víctima de la propaganda envenenada que los yanquis promovieron para empujarlo a derrocar a su gobierno patriota. 

Ellos confirman al mundo entero que efectivamente es la hora de los pueblos y que solo organizados y conscientes podremos frenar y finalmente derrotar al imperialismo mundial.

 

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