Malinalco, Estado de México. “El país anda mal. La patria está mal. La situación que vive México continúa siendo complicada para las clases trabajadoras y los sectores más vulnerables. Eso lo sabemos todos porque lo hemos vivido y lo sufrimos en carne propia todos los días”, expresó Abel Pérez Zamorano, catedrático de la Universidad Autónoma Chapingo ante más de mil campesinos del Estado de México, la entidad más poblada del país, por lo que hizo un llamado a la organización popular y a mantener la lucha social frente a los problemas económicos, sociales y políticos que enfrenta.

El catedrático sostuvo que el país anda mal para las clases pobres: para los campesinos, los obreros, los taxistas, los comerciantes ambulantes, los mineros, los pescadores, los indígenas; “para todas las clases pobres la situación es verdaderamente dolorosa. México es un paraíso y un infierno al mismo tiempo: paraíso para los que están arriba y lo tienen todo, para los que han acumulado riqueza; un infierno para los infelices que no tienen nada y viven con graves carencias. Los ricos viven en el paraíso”.
Entre los principales problemas que enfrenta el país, se encuentra la pobreza alimentaria, pues millones de mexicanos padecen hambre, pese a que el país es uno de los principales productores y exportadores de alimentos en el mundo, lo que contrasta con los informes de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), que señalan que México cerró 2025 con una producción agropecuaria y pesquera de 289 millones de toneladas, con un valor económico de un billón 591 mil millones de pesos; por lo que la República Mexicana se consolidó en el lugar 14 mundial de países exportadores de alimentos al registrar un superávit agroalimentario de siete mil 795 millones de dólares, lugar que ocupó por décima vez con saldo positivo y que es el tercer año más alto desde 1995.
México produce alimentos para exportarlos a los países ricos, pero no para los mexicanos que no pueden comprarlos. Es el primer exportador de aguacate, tomate, frutos rojos, pimiento y mango de todo el mundo, gracias al trabajo de los campesinos, de los jornaleros agrícolas de los valles ricos del noroeste, del Bajío, de Guanajuato, Querétaro, Sinaloa, Sonora, Baja California y, sin embargo, a pesar de que producen una riqueza inmensa de alimentos, resulta que en México hay millones de compatriotas que padecen hambre.

Organizaciones como Acción Ciudadana Frente a la Pobreza y el colectivo México, ¿cómo vamos? señalan que la caída del empleo formal y la reducción de los ingresos familiares ha generado una crisis alimentaria silenciosa en México, lo que ha dado como resultado, de acuerdo con los datos de las organizaciones civiles y académicas, que 44 millones de personas vivan en hogares donde no alcanza el dinero para cubrir la alimentación básica de todos los integrantes, lo que representa aproximadamente el 33 % de la población, mientras que el Fondo de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), a finales de 2024, hizo un llamado urgente para garantizar el derecho a una alimentación adecuada, pues actualmente, 3.9 millones de mexicanos padecen hambre.
El Estado de México, la entidad con mayor número de habitantes del país y que se encuentra entre los primeros lugares por su producción, no es ajeno a esta realidad. De acuerdo con el estudio: “Marginación y pobreza alimentaria en el Estado de México” del investigador Celso Rivera Rojo, persiste la desigualdad social en el estado; a pesar de su relevancia económica nacional, persisten altos niveles de pobreza y marginación, especialmente en zonas rurales. La investigación concluye que, aunque los indicadores de marginación han mejorado ligeramente, la pobreza alimentaria ha aumentado, afectando a más del 40 % de la población y que factores como la tercerización económica, la informalidad laboral, la falta de políticas industriales efectivas y reformas laborales regresivas han contribuido a la precariedad de ingresos.
La razón principal de esta contradicción señala Abel Pérez, también doctor en economía, es que, bajo el sistema de producción capitalista que predomina en nuestro país, la producción no se realiza para beneficio de las familias de los pobres trabajadores, sino para el de las familias acaudaladas, dueñas de las grandes empresas y de toda la producción que de ellas se obtiene.
Ante el panorama adverso que somete a millones de mexicanos a esta condición, urgió a los mexicanos a no seguir esperando a que las cosas cambien solas, señaló que los países cambian cuando los pueblos se deciden a cambiarlos, pues, mientras los pueblos estén resignados en la mansedumbre, sometidos, sin chistar, sin reclamar su derecho, sin protestar, las cosas no van a cambiar nunca.

Finalmente, hizo un llamado a hacer uso de la ley que permite a todos los mexicanos a organizarse para la defensa de sus intereses, a hacerse fuertes con la unión de todos los pobres del país, a fortalecer y hacer crecer las filas de la agrupación de masas populares más grande de México, el Movimiento Antorchista Nacional: “Antorcha no llama a la resignación, llama a luchar”.
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