Jerónimo Gurrola, dirigente de Antorcha en Querétaro, plantea en entrevista cinco exigencias para obras públicas: claridad, costos, tarifas, calendario y vigilancia ciudadana
En un momento de tensiones económicas y sociales en el país, Querétaro vive uno de los crecimientos poblacionales más acelerados de México, impulsado por la industria, la relocalización de empresas y la expansión inmobiliaria.
Sin embargo, este desarrollo no ha ido acompañado de una planeación integral de movilidad. La carretera 57, principal arteria entre la Ciudad de México y el norte del país, se encuentra saturada diariamente; los accidentes y bloqueos son frecuentes, y los tiempos de traslado se han vuelto impredecibles. Miles de trabajadores, estudiantes y transportistas padecen esta situación.
En este contexto, el gobierno federal ha reactivado el anuncio de la construcción del Tren México-Querétaro como una solución estratégica para la región; platicamos con Jerónimo Gurrola, dirigente de Antorcha en Querétaro, quien nos habló al respecto.

Frente a esta realidad que vive Querétaro, ¿cómo debe analizarse el proyecto del tren?
Debe analizarse con seriedad histórica y política. No estamos hablando sólo de una obra de infraestructura, sino de una decisión que marcará el rumbo del desarrollo regional durante décadas. El problema de movilidad en Querétaro no es coyuntural, es estructural. Se permitió un crecimiento industrial y urbano sin una estrategia integral de transporte.
Hoy pagamos las consecuencias: congestionamiento, accidentes, estrés social, pérdidas económicas y deterioro ambiental. Un tren de pasajeros es, en principio, una alternativa moderna y necesaria. El transporte ferroviario reduce emisiones, mejora tiempos de traslado y puede ordenar el crecimiento urbano. Pero la clave está en cómo se diseña, quién lo controla y a quién beneficia realmente.
Usted ha señalado inconsistencias en el manejo político del proyecto. ¿A qué se refiere?
A que el Tren México-Querétaro ha sido más un símbolo político que una política pública consolidada. Recordemos que fue cancelado hace años en medio de cuestionamientos; después desapareció del debate y ahora reaparece como bandera de modernización.
La llamada 4T llegó con la promesa de romper con las viejas prácticas: opacidad, favoritismos, decisiones cupulares. Sin embargo, en este y en otros proyectos estratégicos hemos visto centralización extrema de decisiones, anuncios reiterados sin información técnica completa y una narrativa que sustituye al debate público.
Cuando un proyecto de esta magnitud se comunica principalmente desde la tribuna política y no desde mesas técnicas abiertas, algo no está funcionando como debería.

¿Considera que hay errores concretos por parte del gobierno federal?
Sí, y es importante señalarlos con responsabilidad. Primero, la falta de transparencia exhaustiva desde el inicio. La ciudadanía tiene derecho a conocer estudios actualizados de impacto ambiental, proyecciones reales de demanda, costos desglosados y esquemas financieros.
Un tren no es un programa menor; implica miles de millones de pesos del erario. Segundo, la ausencia de una planeación verdaderamente regional. El tren no puede pensarse sólo como un trayecto entre dos ciudades; debe integrarse al transporte urbano de Querétaro, a corredores industriales, a planes de vivienda y a políticas ambientales.
Sin esa integración, el riesgo es construir una infraestructura que no resuelva de fondo el problema. Tercero, el uso político del discurso. Cuando la crítica técnica se interpreta como oposición ideológica, se empobrece el debate democrático. Exigir claridad no es estar contra el desarrollo; es defender el interés público.
Algunos sectores sostienen que cuestionar el proyecto frena el progreso. ¿Qué responde a eso?
Que el verdadero progreso no se construye con aplausos incondicionales, sino con planeación rigurosa y participación ciudadana. Las grandes obras de infraestructura deben resistir el escrutinio público.
Si un proyecto es sólido, la crítica lo fortalece; si no lo es, la crítica evita errores costosos. México necesita infraestructura moderna, sí, pero también necesita instituciones fuertes y procesos transparentes. No podemos repetir esquemas donde el entusiasmo político sustituye al análisis técnico.
Desde una perspectiva más amplia, ¿qué representa este proyecto en el momento político actual del país?
Representa una prueba. Una prueba de si el país aprendió de experiencias pasadas, de si realmente estamos construyendo una cultura de planeación de Estado y no de sexenio.
El Tren México-Querétaro podría convertirse en un eje de desarrollo equilibrado, reducir desigualdades regionales y fortalecer la integración económica del centro del país. Pero también podría terminar siendo una obra emblemática con sobrecostos, retrasos y beneficios limitados si no se hace con rigor.
La política pública debe trascender gobiernos. Si cada administración redefine proyectos estratégicos según su narrativa, nunca consolidaremos un modelo estable de desarrollo.

¿Qué condiciones mínimas deberían cumplirse para que el proyecto sea viable y legítimo?
Transparencia absoluta en contratos y costos; participación de especialistas independientes; coordinación real con autoridades estatales y municipales; mecanismos de supervisión ciudadana; y un esquema tarifario que garantice acceso a trabajadores y estudiantes, no sólo a sectores con mayor capacidad económica.
Además, debe existir un calendario público verificable y sanciones claras en caso de incumplimiento. La confianza no se pide: se construye con hechos.
Finalmente, ¿qué mensaje envía a la sociedad queretana?
Que no se conforme con anuncios. Que participe, que exija información y que defienda su derecho a una movilidad digna y segura. El Tren México-Querétaro puede ser una oportunidad histórica para transformar la región y aliviar una crisis real de transporte.
Pero esa transformación no dependerá sólo de la voluntad del gobierno federal, sino de la vigilancia y participación activa de la ciudadanía. Las grandes obras no deben servir a la propaganda; deben servir al pueblo. Y esa diferencia es la que hoy está en juego.
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