Siempre es necesaria la actividad física individual, como recomiendan los médicos para mantener la salud; por ejemplo, para cuidar el peso en términos médicos adecuado y la conservación del buen estado que deben tener los músculos, responsables de mantener funcionando físicamente el cuerpo humano.
Con el paso de los años, este se va deteriorando si no se conserva debidamente el sistema muscular, lo que hace a cierta edad casi imposible valerse por sí mismo, incapacitando al individuo para desempeñar tareas elementales de su propia existencia.
La unidad y cohesión, el trabajo en equipo que exige la práctica constructiva del deporte, es un antídoto, pequeño si se quiere, pero antídoto al fin, contra la deshumanización de la sociedad y la perniciosa disgregación.
Sin embargo, la realización del deporte va mucho más allá, pues bien entendido y ejecutado puede servir para la cohesión social y para contribuir a la salud pública, previniendo enfermedades provocadas por el sedentarismo y la mala alimentación.
Asimismo, sirve para desarrollar la inteligencia, impulsar la disciplina y fomentar la cooperación y la suma de voluntades de los practicantes. Sobre todo, funciona para alentar el espíritu gregario y la solidaridad entre los seres humanos, tan necesarios y esenciales en la condición humana, pero los cuales en nuestros tiempos están tan satanizados y atacados de forma continua y pertinaz desde todos lados, bajo una forma de organización económico-social como la nuestra que, fruto del desarrollo de las fuerzas productivas ya dejado atrás, arrojó las relaciones de producción capitalistas; es decir, el dominio del capital sobre la sociedad carente de medios de producción.
La vida así, en esta formación económica, obliga al individuo a competir despiadadamente contra todos, convirtiendo al hombre en lobo para el hombre, según la expresión de Hobbes, porque está sometido por las circunstancias a la voluntad e interés de poderosos que no le han dejado más que su sola fuerza de trabajo para poder sobrevivir. O sea, que la lucha por la vida impuesta por el sistema capitalista hace al individuo individualista, refractario y a veces hasta enemigo de la solidaridad, la compasión y la cooperación.

La mayoría no se da cuenta de que sus enemigos aplican la máxima de "divide y vencerás"; es decir, que los pobres desunidos están condenados a ser pobres por siempre. Por eso, la unidad y cohesión, el trabajo en equipo que exige la práctica constructiva del deporte, es un antídoto, pequeño si se quiere, pero antídoto al fin, contra la deshumanización de la sociedad y la perniciosa disgregación.
Además, como la realidad evoluciona y cambia, es necesario preparar y alentar las condiciones para que ese cambio sea en favor de los intereses de la sociedad, de las grandes masas, es decir, del pueblo. Que eso es posible y necesario lo demuestra la práctica social de avanzada y la historia, pero también es apreciable en el terreno del pensamiento a través de la científica aportación del Materialismo Dialéctico e Histórico.
Apoyo hoy mi argumentación en la brillante interpretación sobre lo revolucionario del método dialéctico hegeliano, hecha por Federico Engels en su obra Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, en la cual precisa que el pensamiento de Hegel, al asentar su tesis de que todo lo real es racional y todo lo racional es real, significa que una cosa es real en cuanto es necesaria, y deja de serlo cuando desaparece su necesidad en el sentido filosófico.

Dice, por ejemplo: "Según Hegel, la realidad no es ni mucho menos un atributo inherente a una situación social o políticamente dada en todas las circunstancias y en todos los tiempos. Al contrario, la república romana era real, pero el imperio romano que la desplazó lo era también. En 1879 la monarquía francesa se había hecho tan irreal, es decir, tan despojada de toda necesidad, tan irracional, que hubo de ser barrida por la gran Revolución, de la que Hegel hablaba siempre con el mayor entusiasmo. Como vemos, aquí lo irreal era la monarquía y lo real la revolución. Y así, en el curso del desarrollo, todo lo que un día fue real se torna irreal, pierde su necesidad, su razón de ser, su carácter racional, y el puesto de lo real que agoniza es ocupado por una realidad nueva y vital; pacíficamente, si lo caduco es lo bastante razonable para resignarse a desaparecer sin lucha; por la fuerza, si se rebela contra esta necesidad. De este modo la tesis de Hegel se torna, por la propia dialéctica hegeliana, en su reverso: todo lo que es real dentro de los dominios de la historia humana se convierte con el tiempo en irracional; lo es ya, de consiguiente, por su destino, lleva en sí de antemano el germen de lo irracional; y todo lo que es racional en la cabeza del hombre se halla destinado a ser un día real, por mucho que hoy choque todavía con la aparente realidad existente".

Visto de este modo, la realización de la Espartaqueada Deportiva Nacional del Movimiento Antorchista, a realizarse en Tecomatlán, Puebla, en el mes de marzo, aunque aparentemente está desfasada porque en el país nadie, aparte de Antorcha, hace verdaderos esfuerzos por masificar el deporte y porque el pueblo lo practique de manera útil y consciente para desarrollar sus propias capacidades e intereses, en realidad es la única que actúa acorde a la necesidad; es decir, acorde con el desarrollo de la historia.
Lo que hace Antorcha es absolutamente racional y, por tanto, de acuerdo con lo acertado del método dialéctico, se hará real aunque por ahora choque con la aparente realidad de las cosas. ¡Que viva la Espartaqueada Deportiva Nacional!
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