MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

¿Ya se acabó la pandemia?

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A dos años de iniciada la pandemia de covid-19, el panorama parece un poco más esperanzador para los pueblos, al punto de que muchos ya han decidido olvidarla y dejar de lado las medidas precautorias para evitar su contagio.

En México, por ejemplo, a pesar de tener un importante número de infectados (en los últimos 14 días 16 mil 566 personas, según la SSA), el semáforo epidemiológico ya muestra en verde a los 32 estados de la república. Esto ha traído consigo el levantamiento de las restricciones de uso de cubrebocas en tres estados; Nayarit, Coahuila y Nuevo León. ¿Será que estamos celebrando antes de tiempo?

La vacunación, iniciada a principios del año pasado, ha resultado exitosa en varios países desarrollados para aminorar algunas consecuencias del virus, como la mortalidad excesiva. En casos como el de Israel o Inglaterra, que cuentan con casi el 70 por ciento de su población vacunada con tres o más dosis, les había permitido regresar a una parcial normalidad en sus actividades diarias; sin embargo, esto ha cambiado en los últimos días “El Ministerio de Salud de Israel detectó dos casos de contagio por una variante no identificada del coronavirus, sin gravedad aparente y que combina las subvariantes BA.1 y BA.2. Esta variante no es aún conocida en el mundo y los dos casos fueron descubiertos gracias a test PCR aplicados en el aeropuerto Ben Gurión a la entrada de Israel" (Milenio 16 de marzo de 2022).

En contraste, países de África se enfrentan con una situación catastrófica, “Al 19 de marzo de 2022, los casos confirmados de covid-19 de 55 países africanos alcanzaron los 11 millones 328 mil 133.” (allafrica.com, 19 de marzo de 2022), mientras que en América Latino se muestra una aparente calma, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) advierte que los gobiernos de la región deben enfocarse en proteger a los  más vulnerables ante una posible nueva ola: “Los casos han aumentado un 28,9 por ciento en la región del Pacífico occidental, un 12,3 por ciento en la región africana y cerca de un 2 por ciento en Europa”, en voz de su subdirector Jarbas Barbosa, el organismo también señala que: “el virus nos pone a todos en riesgo. Por eso debemos seguir esforzándonos para cerrar la brecha de equidad y proteger a los más vulnerables con las vacunas contra la COVID-19” (vozdeamerica.com, 17 de marzo de 2022).

Otro dato que destacar y que muestra un panorama totalmente contrario a las naciones europeas es el de la vacunación. “La mayor preocupación de las autoridades sanitarias es seguir impulsando políticas de vacunación para alcanzar el objetivo del 70 por ciento de la población inoculada «Muchos países y territorios están en vías de cumplir con eso, ocho ya han vacunado a más del 80 por ciento de su población, aunque 21 aún no han vacunado a la mitad de su población», señalan desde la OPS”.

Esta última declaración es de suma importancia, ya que demuestra que la inoculación sigue el esquema de desigualdad imperante en el capitalismo y, como todo dentro de él, se guía por intereses económicos, es decir es una mercancía más que sólo algunos se pueden dar el lujo de comprar, quitando así, esa ilusión de intereses nobles y puros con los que se dicen guiar las farmacéuticas. 

Para muestra un botón, Pfizer, una de las principales empresas de este sector en el mundo, ha incrementado fuertemente sus ganancias desde el 2020, debido a la fabricación y venta de su vacuna a todo el mundo, aprovechando un “mercado nuevo” al que pocos han podido acceder. “Las farmacéuticas Pfizer y Moderna cobrarán a la Unión Europea más de 23 y 25 dólares por dosis, respectivamente. Un estudio reciente de la Alianza Vacuna del Pueblo concluyó que las compañías Pfizer-BioNTech y Moderna están cobrando a los Gobiernos cerca de 41.000 millones de dólares por encima del costo de producción estimado”, todo esto reportado por el medio Democracynow.org. (el 5 de agosto de 2021). 

Muchos usarán las mismas cantaletas dictadas por el gran capital; “es su trabajo, tiene derecho de cobrar lo que ellos quieran”  o “es justo, que los países paguen por una mercancía y que paguen los que puedan”; todos los que se remiten a estos argumentos, parecen olvidar que los grandes avances tecnológicos están respaldados por recursos públicos, recursos generados por el pueblo y que las grandes empresas  solamente se han aprovechado de ellos convirtiéndolo en una mercancía, acaparando y vendiéndose a precios exorbitantes. 

Esta actitud inhumana de jugar con la vida de las personas es lo que provocará que la pandemia no termine en corto plazo, según la misma ONU, que ha hecho numerosos llamados para revertir esta situación: “Mientras que algunos países avanzados han conseguido vacunas suficientes para proteger a toda su población dos, tres o cinco veces, el Sur del planeta se está quedando atrás”. 

El 19 de julio del año pasado la agencia AP escribió en su sitio web: “Pero pocos se imaginaron que las naciones pobres quedarían a merced de donaciones de los ricos o que la desigualdad sería tan grande y duraría tanto (...) Fallas en la planificación de la venta de vacunas a las naciones pobres hicieron que no pudiesen competir con los ricos cuando finalmente aparecieron las vacunas. Y las naciones ricas expandieron la vacunación a gente cada vez más joven mientras los países pobres seguían esperando dosis para los más vulnerables”. En las últimas semanas, también ha salido a reducir este hecho, varios países europeos están planeando aplicar una tercera dosis, mientras que, en la mayoría del mundo, aún no se cuenta ni en la primera.

Se han dado diversas alternativas para combatir esta absurda desigualdad, pero todas han sido desechadas en mayor medida, por las grandes farmacéuticas, una de las medidas era liberar la patente de las fórmulas, garantizando así, una producción e inoculación más rápida en el mundo. Esta iniciativa se vio automáticamente rechazada por argumentos como los del gobierno alemán, que se limitó a declarar que “la protección de la propiedad intelectual es una fuente de innovación y debe seguir siéndolo en el futuro”. Es decir, importa más la propiedad privada y la ganancia de unos pocos, que la vida de millones.

Otro de estos argumentos cínicos, lo expresa el director general de la Federación Internacional de Productores Farmacéuticos, Thomas Cueni en una declaración retomada por Forbes el 18 de mayo de 2021 “a corto plazo solo la solidaridad, expresada a través de compartir dosis, servirá para afrontar esta inaceptable desigualdad”, mejor traducido como: Que los pobres se contenten, con las sobras de los países ricos.

La respuesta siempre la hemos tenido ante nuestros ojos, al capital sólo le importa la ganancia y la pandemia, ha abierto un nuevo mercado y la vacunación nunca sería rentable si estuviera al alcance de todas las naciones, por más pobres que estas fueran. Como lo reconoce la misma ONU, la lucha aún está lejos de acabar y mientras el virus del capital acompañe a la pandemia de Covid-19, millones de pobres seguirán muriendo alrededor del mundo, mientras que sus presuntos salvadores, se encuentran a salvo, regodeándose en absurdas y gigantescas ganancias.

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