MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

La batalla por la verdad y la justicia no ha terminado

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Nada de eso. Sigue viva y necesita continuarse con nuevos bríos y nuevos voluntarios. “Aquí, aquí, valerosos caballeros, aquí es menester mostrar la fuerza de vuestros valerosos brazos, que los cortesanos llevan lo mejor del torneo”, decía el Quijote con estentóreos gritos que todavía resuenan en los oídos de las mujeres y hombres buenos del mundo. Concluidas las fiestas del fin del año, publicitadas y empujadas por los que venden cantidades insólitas de mercancías en bienes y servicios y obtienen extravagantes volúmenes de dinero, cabe preguntarse, ¿para cuántos mexicanos sólo hubo más trabajo y más intenso? ¿Cuántas criaturas pasaron las noches abandonadas en viviendas sin servicios y en colonias o pueblos apartados?

Las respuestas a esas preguntas -ridículas e impertinentes para algunas respetables personas- abarcan a la inmensa mayoría de nuestros compatriotas. Guste o disguste. La pobreza extrema ahí sigue. Esta se refiere, según las mediciones del gobierno de la clase que no se encuentra en pobreza extrema sino en riqueza extrema (o ya de perdida en riqueza a secas), a la situación en la que el ingreso familiar no alcanza para cubrir el costo de una canasta alimentaria básica que, se dice, es lo mínimo indispensable para subsistir con alimentos nutritivos. 

Pero resulta que a la clase trabajadora jamás se le ha tomado su opinión sobre lo que debe de ir adentro de esa “canasta alimentaria básica” ni tampoco sobre lo que viene a ser “lo mínimo indispensable para subsistir con alimentos nutritivos”, esas categorías son sólo dictámenes inapelables de supuestos expertos y auténticos encumbrados en la cúspide de la pirámide social, son imposiciones. Además, por si no fuera ya bastante austeridad, en la mentada canasta no caben los gastos para conservar una buena salud, disfrutar de una vivienda digna y acceder a la educación superior.

En cuanto a la pobreza a secas -porque para los expertos y sus sutilezas, no para las víctimas, hay una diferencia apreciable entre pobreza extrema y simple pobreza- hay que decir que el periódico La Jornada reportó el pasado 14 de agosto de 2025 que “El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) confirmó ayer que 13.4 millones de mexicanos salieron de la pobreza entre 2018 y 2024, período que comprendió la administración del ex presidente Andrés Manuel López Obrador… Al presentar por primera vez su reporte de la pobreza multidimensional, el Inegi no detalló las razones que condujeron a la disminución de la pobreza en el país, pero este comportamiento coincide con el incremento de 116.4 por ciento real a los salarios mínimos y con el aumento del gasto en programas sociales durante el sexenio pasado”.

Por el contrario, existen expertos muy competentes y serios que se han dedicado muchos años a la medición científica de la pobreza, como el doctor Julio Boltvinik, que han demostrado sin lugar para la duda que estos novísimos datos favorables acerca de la pobreza en nuestro país, son el resultado de malabares con las cifras para simular una realidad conveniente para la propaganda del régimen de la Cuarta transformación. Antes se medían unos aspectos, con esta nueva metodología, con un Inegi reformado, se miden otros aspectos y, claro, se obtienen otros resultados. Los políticamente convenientes.

En cuanto a que -como especifica el diario- “este comportamiento coincide con el incremento de 116.4 por ciento real a los salarios mínimos”, hay que notar que las palabras “coincide con”, eluden el compromiso de asegurar que “es consecuencia de”, por lo que en cuanto a una relación causa- efecto tienen la misma validez que un eclipse lunar. Sólo se insinúa diciendo “coincide con”. La verdad es que los sucesivos aumentos decretados por la clase en el poder, hasta llegar al mencionado 116.4 por ciento, apenas alcanzaron a compensar un poco el peligroso rezago en términos reales que ya tenían los llamados salarios mínimos, lo que explica la aparente generosidad del Estado de la clase explotadora al comedirse a aumentarlos sin huelgas presionadoras.

En el hipotético y remoto caso de que exista una mejoría real de la clase trabajadora en la que algunos de sus integrantes avancen -dudo mucho que sean 13.4 millones- y queden una micra por encima de “la línea” de pobreza, la explicación de tan excepcional fenómeno en el momento actual del capitalismo habrá que buscarla, esa sí, en “el aumento del gasto en programas sociales durante el sexenio pasado” que, según Ariadna Montiel Reyes, Secretaria de Bienestar, fue cuantioso y “actualmente el gobierno dispersa 900 mil millones de pesos, los cuales se incrementarán a un billón en 2026 para 32 millones de mexicanas y mexicanos” (“Milenio”, 29 de diciembre de 2025). 

Eso sí puede ser, mire usted: ¡el regalo de 900 mil millones de pesos! Pero, ojo, el gobierno -el de la 4T en nuestro país y el de cualquier otra parte del mundo- sólo es el administrador de los impuestos y los impuestos, fastidiosa realidad, en cualquiera de sus múltiples modalidades, son riqueza creada por la fuerza de trabajo, porque nada ni nadie, como no sea el trabajo humano, crea riqueza. Así de que finalmente topamos con la verdad: se le hace creer al pueblo que la colosal riqueza que aporta para ayudar a sus hermanos de clase, 900 mil millones de pesos, no es resultado de su trabajo agotador, como efectivamente lo es, sino de la política benévola y humanista de la 4T que debe ser agradecida con votos en las urnas cada vez que se las pongan enfrente. Está, pues, más viva que nunca la lucha en defensa de la verdad.

No solamente siguen las carencias graves de los mexicanos y las falsas explicaciones de sus causas, amenazan con empeorar. Desde hace ya mucho tiempo, casi cien años, no hay empleo para todos los mexicanos en edad de trabajar y una buena parte de ellos ha tratado de resolver sus problemas de sobrevivencia abandonando a su familia y emigrando a Estados Unidos. Ello no obstante, nos encontramos con que “La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, festejó este viernes que el país está por cerrar el año como el segundo con menos desempleo en el mundo, con una tasa de desempleo del 2.7 por ciento, tan solo detrás de Japón, con el 2.6 por ciento… ‘La transformación da resultados’” (“El Financiero”, 26 de diciembre de 2025). 

Un desempleo del 2.7 por ciento, dato fabuloso, sólo puede alcanzarse si se considera que los millones de paisanos emigrados y empleados en Estados Unidos nunca existieron. Esa descomunal argucia estadística pudo pasar relativamente inadvertida durante mucho tiempo y permitir presumir un casi pleno empleo, pero ya no será posible. El imperialismo en declive ya no puede emplear a nuestros paisanos aunque cobren salarios bajísimos y no tengan ninguna prestación y, sin remedio, los está expulsando violentamente. Ellos, y los que pudieron llevar a sus familias, están regresando y no tienen casa, ni escuela para sus hijos ni dinero. La deslumbrate estadística se hace trizas. 

Tratando de precisar el daño. “El académico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Enrique Díaz-Infante, estimó que las remesas podrían cerrar 2025 con una caída aproximada de 5.8 por ciento, lo que implicaría ingresos por alrededor de 61 mil millones de dólares, unos 3 mil 700 millones menos que en 2024, tras más de una década de crecimiento continuo” (“El Universal”, 28 de diciembre de 2025). Lo cual nos indica claramente que el lamentable proceso de un deterioro mayor del empleo y, consecuentemente, de los niveles de vida de la clase trabajadora, ya está en marcha.

La lucha por organizar y hacer conciencia continúa. Porque ahí siguen las pavorosas injusticias y las perniciosas falsas explicaciones. En la etapa del capitalismo terminal se deteriora constante e irremediablemente la tasa de ganancia y los explotadores aprietan la soga para conservarla e invierten cantidades gigantescas de dinero en lo que ha dado en llamarse cínicamente “soft power” para, en medio de la pobreza y el sufrimiento, mantener contentos y saisfechos a los que producen la ganancia y nunca disfrutan de ella. En este sentido, casi nada ha cambiado desde los tiempos de Ludwig Feuerbach que en su libro “La esencia del cristianismo” nos dejó bien advertidos: “La simulación es la esencia del tiempo actual. Simulación es nuestra política, simulación nuestra moral, simulación de nuestra religión y nuestra ciencia. El que dice la verdad es un impertinente, un inmoral; en cambio, el que en realidad actúa inmoralmente, pasa por un ser moral; la verdad en nuestro tiempo, es inmoralidad”.

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