MOVIMIENTO ANTORCHISTA NACIONAL

La oratoria, en manos de Antorcha, es una herramienta de lucha

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El domingo 8 de febrero se llevará a cabo la VI Jornada Nacional de Oratoria, organizada por el Movimiento Antorchista Nacional, un evento que reunirá de manera simultánea, en todas las capitales del país, a los mayores exponentes de esta disciplina.

No se trata únicamente de un concurso o una exhibición de talento verbal, sino que es, ante todo, una muestra viva del trabajo sistemático que durante décadas ha impulsado nuestra organización para formar conciencia, pensamiento crítico y sensibilidad a través de la palabra hablada.

La oratoria, en manos de Antorcha, no es un ejercicio vacío, sino una herramienta de lucha. Gracias a la palabra bien estructurada, los hombres y mujeres de buen corazón pueden hacerse escuchar por las masas explotadas.

En esta jornada participarán niños, jóvenes estudiantes, amas de casa, trabajadores y profesionistas, hombres y mujeres que, mediante la oratoria, han encontrado un espacio para expresar su sentir, sus inquietudes más profundas y una crítica abierta al sistema de cosas establecido.

En un país donde con frecuencia se intenta acallar la voz del pueblo, estos foros, creados por Antorcha, adquieren un valor especial, pues representan la posibilidad real de que los sectores históricamente marginados se expresen con claridad y firmeza.

No es casualidad que el Movimiento Antorchista haya impulsado la oratoria desde sus orígenes. A lo largo de 52 años, nuestra organización ha promovido de manera consciente y sistemática esta disciplina, primero entre sus activistas y posteriormente llevándola a las masas populares, porque Antorcha tiene la plena convicción de que el pueblo jamás debe permanecer callado, porque un pueblo que no se expresa es un pueblo sometido, y un pueblo que no sabe defender sus ideas con argumentos está condenado a que otros decidan por él.

Sin embargo, la expresión no surge de manera espontánea ni improvisada, pues hablar con claridad, convencer, conmover y despertar conciencia requiere preparación, disciplina y constancia.

El Movimiento Antorchista ha asumido la tarea de preparar al pueblo con paciencia y dedicación, convencido de que la cultura no debe ser un privilegio de unos cuantos, sino un derecho de las grandes mayorías. Por eso Antorcha lleva la oratoria a lo largo y ancho del país.

Los resultados de este esfuerzo son evidentes. En los múltiples encuentros, eliminatorias y concursos de oratoria que se realizan durante todo el año, se observa la participación de oradores sumamente destacados, formados dentro de las filas de la organización. Hombres y mujeres que no sólo dominan la técnica discursiva, sino que expresan ideas profundas, comprometidas con la realidad social del país. Esto no es motivo de vanidad, sino de un orgullo legítimo, porque da muestra clara de que el objetivo central se está cumpliendo.

Y ese objetivo no es otro que llevar cultura al pueblo. Una cultura, no como un adorno superficial, sino como una herramienta para comprender la realidad y transformarla. 

Estamos convencidos de que cuando el pueblo adquiere conciencia, cuando desarrolla un pensamiento crítico y capacidad de análisis, es posible cambiar de raíz el sistema de cosas establecido. Y esto debe quedarnos muy claro: los cambios verdaderos y profundos jamás podrán nacer de la ignorancia e improvisación, sino solamente los veremos florecer del conocimiento y la organización de manera consciente.

Sólo un pueblo que tiene clara una meta es quien podrá exigir y encabezar un cambio real, pues es bien sabido que ningún sistema injusto se puede derrumbar por sí solo. En ese sentido, la oratoria cumple una función fundamental: despertar, informar, convencer, agitar y movilizar a las masas; porque la palabra bien utilizada tiene la gran capacidad de sacudir conciencias y de unir voluntades en torno a una causa común: la lucha por un sistema más justo.

Las acciones que impulsa el Movimiento Antorchista, como la Jornada Nacional de Oratoria, preparan el terreno para alcanzar una meta clara de nuestra organización: que el pueblo pobre sea quien gobierne nuestro país. Pero no se trata de cualquier pueblo, sino de un pueblo preparado, culto y consciente, capaz de saber hacia dónde conducir a México y cómo llevarlo a buen puerto.

Por ello, Antorcha forma oradores desde las instituciones educativas que ha fundado a lo largo y ancho de nuestro país, convencida de que la educación y la cultura son pilares fundamentales para transformar al país. Nuestros oradores no solo aprenden a hablar en público, sino a estructurar ideas, a analizar la realidad y a influir, mediante la palabra, en la conciencia colectiva.

Porque la belleza de la expresión oral refleja lo que pensamos. Cuando una persona tiene algo que decir y además lo expresa de forma clara, ordenada y bella, el mensaje llega con mayor fuerza, logrando un impacto emocional en quien escucha.

Para el Movimiento Antorchista, el orador no puede ser un simple repetidor de palabras, debe ser un hombre o una mujer sensibles, capaces de dejarse arrastrar, en determinados momentos, por la emoción de la lucha y por la causa de los explotados. Una causa profunda y real, porque en México existen más de 100 millones de personas que, a pesar de trabajar de sol a sol, no cuentan con lo más indispensable para vivir dignamente.

Hablar en nombre de estos sectores exige compromiso, honestidad y sensibilidad. La oratoria, en manos de Antorcha, no es un ejercicio vacío, sino una herramienta de lucha. Gracias a la palabra bien estructurada, los hombres y mujeres de buen corazón pueden hacerse escuchar por las masas explotadas y explicarles, con claridad, quiénes luchan verdaderamente por sus causas.

En ese contexto, Antorcha sostiene que es la única organización que lucha de la mano con el pueblo por las causas justas y que jamás lo traicionará, y esta lucha se sustenta con hechos firmes, con décadas de trabajo y con hechos palpables.

La VI Jornada Nacional de Oratoria no es, entonces, un evento aislado, sino la expresión concreta de un proyecto más amplio: el de formar un pueblo que piense, que hable, que cuestione y que luche. Porque sólo un pueblo que sabe expresarse con claridad puede aspirar a transformar su realidad y construir un futuro verdaderamente justo.

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